martes, 14 de febrero de 2017

Un año de Jardín

Estos meses nos son agradecidos para practicar la jardinería. Al menos en nuestro clima. Un frío del demonio y un suelo congelado unos días y embarrado otros animan a recogerse en casa. Pero hay otras maneras más reposadas de practicar la jardinería. Estos son buenos meses para leer libros, subrayar obsesiones en catálogos de plantas y hacer listas, muchas listas. Listas de plantas cultivadas, de plantas por cultivar, de semillas a conseguir, de cosas por arreglar, de errores a evitar. Me gustan tanto las listas que hago listas de listas. La inevitable lista de cosas por hacer tiende de manera agobiante hacia el infinito, pero para enfrentarte a lo inabordable hay un truco: echar la vista atrás hacia lo abordado. A mí repasar lo ya hecho por un lado me anima y por otro me ayuda a poner algo de cordura en las expectativas de lo que está por venir. Ese vistazo a lo que fue el 2016 se puede resumir como sigue. 

Invierno del 2016

Aromas toscanos.

Lo que hacemos en un jardín nunca se queda al margen nuestras inspiraciones más inmediatas, y pasar unas estupendas vacaciones en la Toscana tenía que dejar un poso. Así que arrancamos el invierno plantando una hilera de cipreses a ambos lados del camino de entrada. También plantamos una cuadrícula de 9 olivos con la que buscamos aportar algo de estructura e intencionalidad a una zona que cultivaremos como una pradera silvestre. A decir verdad lo de los olivos no se lo debemos tanto a la Toscana cono a Girona. Paseando por un camino que nace en la cala de Aiguablava nos topamos con un pequeño olivar abandonado en el que una densa pradera de gramíneas crecía entre olivos centenarios. Los paisajes más espectaculares siempre aparecen en los rincones más insospechados. Y ni una foto tengo. Es lo que tiene salir a pasear en chanclas y bañador.
En nuestra Toscana particular el frío pega a base de bien

Setos

Cuando nos compramos la parcela una de las cosas que más nos gustó es que fuera un pedazo de bosque perdido en medio de otros muchos pedazos de bosque. Un par de años después tuvimos que rendirnos a la evidencia de que necesitábamos una valla si queríamos plantar algo que durase más de dos meses antes de ser devorado. Vaya por delante que le agradecemos mucho a nuestra valla que nos proteja (relativamente) de los desmanes de corzos y jabalíes, pero es horrorosa. Su brillo galvanizado es una patada en el estómago. Por suerte en gran parte de la parcela la valla está escondida detrás de una espesa capa de robles rebollos (Quercus pyrenaica) pero en la zona del camino de entrada y al fondo de la parcela hay zonas dónde es muy visible. Hace años probamos a plantar un seto de tejos pero la cosa no ha funcionado. Los tejos están ahí, pero lo más optimista que podemos decir es que tenemos un seto bonsai. Hay que probar otras cosas, así que para cubrir un trozo de casi cuarenta metros de valla visibles desde la casa y el camino de entrada hemos optado por probar con especies más adaptadas a nuestro entorno. También hemos apostado por una configuración más silvestre que nos ayude a tener la sensación de que hay una transición fluida entre nuestro jardín y el monte que lo rodea. Así que en ese trozo de valla el pasado invierno plantamos una doble hilera a tresbolillo de endrinos (Prunus espinosa), majuelos (Crataegus Monogyna), avellanos (Corylus avellana), manzanos (Malus sylvestris) y almendros (Prunus dulcis). A estas alturas ya hemos visto que ha sido una cierto dar mayor peso a los endrinos y los majuelos que crecen silvestres por la zona, porque pese a los estragos iniciales de los conejos y a la fuerte sequía no se ha perdido ni uno. Algo que no podemos decir de los avellanos. Para cubrir las bajas en otoño plantamos algún guillomo (Amelanchier lamarckii), bonetero (Euonymus europaeus), cornicabra (Pistacea terebinthus) y árbol de las pelucas (Cotynus coggygria). Veremos en los próximos años si en la variedad de un seto silvestre tenemos más suerte que con la formalidad de un seto de tejos. 
A falta de buenos setos, las plantaciones de vivaces ocultan la valla en algunas zonas

Primavera del 2016

Ya lo decía Estragón

Estragón definió a nuestra meseta como un país frío, áspero y pobre. Una alegría de hombre este griego, pero no le faltaba razón. Aquí si quieres cultivar algo tienes que mirar mucho al cielo. En palabras de Miguel Delibes si el cielo de Castilla es alto será porque lo habrán levantado los campesinos de tanto mirarlo. Hay que echarle mucha imaginación para cultivar algo en esta tierra. Durante milenios la imaginación nos dio para cereal y vid. Y en esta tierra de pan y vino algunos nos proponemos plantar flores. Para ello uno puede dejar de mirar un rato al cielo y empezar a mirar el contador del agua, pero después de unos años creo que la dictadura del contador del agua es todavía peor que los caprichos de nuestros meteoros. Así que me he propuesto no colocar ni un metro más de tubería de riego por goteo. No me queda otra que centrarme en el uso de especies resistentes a la sequía y experimentar con otras formas de cultivo. Durante la primavera pasada me lanzo en serio a experimentar con dos nuevas vías de cultivar vivaces y gramíneas:

Sembrando hierbas malas

A la entrada de la parcela dispongo de una zona salpicada de encinas que discurre entre mis plantaciones de vivaces y la cuadrícula de olivos que plantamos durante el invierno. Lo natural en esta zona es continuar con las plantaciones de vivaces, pero hacerlo de una manera clásica (plantar pequeñas plantas en maceta) me exigiría una importante inversión en plantas y la instalación de un sistema de riego que garantizase la supervivencia de la plantación durante los primeros años. Defiendo la teoría de que no hay planta más sostenible que la que ha nacido y enraizado desde una semilla en el propio terreno. Así que en este caso me dejo llevar por la inspiración del jardín de Tom Stuart-Smith y Nigel Dunnett en Valladolid, una maravilla de pradera conseguida principalmente mediante la siembra de una mezcla de semillas  en condiciones tan duras como las mías. En mi caso opto por una mezcla de vivaces, anuales, gramíneas y plantas de abono verde. Las vivaces son el objetivo final. Las otras tres categorías están ahí para dar algo de vistosidad al asunto en el primer año y para crear cobertura a las vivaces que en este primer año pueden pasarlo muy mal en semejante terreno. En esta otra entrada di detalles sobre la mezcla de semillas que empleé: Sembrando Hierbas Malas. Sobre esta mezcla algunos conocidos me previenen del uso de gramíneas demasiado invasivas, pero ha habido suerte y en este caso el libre albedrío de la naturaleza me favorece: no me pregunten por qué pero a finales de la primavera no hay ni rastro de las gramíneas. En este primer años destacan las anuales, especialmente los acianos (Centaurea cyanus) que nos sorprenden con una floración que se extiende a lo largo de tres meses. Curiosamente es entre los olivos donde ha germinado una mayor concentración de vivaces, aunque durante este primer año su desarrollo es mínimo. Habrá que esperar al año que viene para comprobar el éxito o fracaso relativo de la siembra.
A pfinales de la primavera anuales como la mostaza y las amapolas son lo único visible

Las centaureas vienen a suceder a las amapolas y la mostaza

Esta masa de Centaureas cyanus se mantuvo durante tres meses

A lo Olivier Filippi

La otra zona de expansión natural de mis plantaciones de vivaces es en un área ya removida que no pude llegar a plantar el año pasado por falta de tiempo. Para esta zona de nuevo opto por una plantación sin riego. Voy a intentar seguir el proceso que indica Olivier Filippi en su libro el Jardín Sin Riego: plantar especies especialmente adaptadas a la sequía en un terreno cavado en profundidad y con un alcorque lo suficientemente grande como para poder hacer riegos profundos y espaciados durante los dos o tres primeros años. En la parte trasera de la casa hay un terraplén prácticamente vertical de unos cuatro metros de altura. Allí, en la primavera del 2014 planté una matriz de romeros (Rosmarinus officinalis), salvias (Salvia officinalis)  y bocha (Dorycnium pentaphyllum). 2 años después no podemos decir que aquello sea una maravilla, pero sí que todas las plantas han sobrevivo y crecido y que intermezcladas con las gramíneas y cardos silvestres que han nacido de manera espontánea dan algunos momentos primaverales interesantes. Pero lo más importante de esta plantación es que ha medrado en ausencia total de riego (la pendiente no lo permite) lo que me da la seguridad de que la filosofía de Olivier Filippi que es más permisiva que este experimento porque incide en regar bien los primeros años, es válida para mi parcela. Así, para esta nueva zona realizo una plantación de Berberis ottawensis, Berberis thunbergii, Cistus albidus, Cistus ladanifer, Cistus laurifolius, Cistus pulverulentus Sunset, Cistus purpureus, Cistus salvifolia, Cytisus multiflorus, Cytisus scoparius, Euphorbia characias Wulfemii, Festuca glauca, Genista florida, Genista lydia, Helichrysum stoechasHelictotrichon sempervirens,  Retama sphaerocarpa, Rosmarinus officinalis, Santolina chamaeciparissusSchizachyrium scoparium 'Prairie Blues',  Senecio cineraria, Spartium junceum Teucrium fruticams. Las tierras que nos rodean son montes de escobas, jaras, santolinas y tomillos, así que tenemos esperanza en el éxito de esta plantación
Plantación de especies adaptadas a la sequía en terraplén sin riego

Diseñando al fin

Y en fin, como decía Groucho Marx estos son mis principios y si no le gustan tengo otros. Así que haciendo gala de mi coherencia habitual al final de la primavera instalo un nuevo tramo de tubería de goteo y hago una nueva plantación de vivaces con plantas en maceta. Las plantaciones que he hecho hasta ahora se podrían decir que han acogido las plantas que han ido cayendo en mis manos: plantas obtenidas desde semilla, lo poco que he encontrado en viveros cercanos y un paquete de plantas que me regaló un buen paisajista. Así que mis jardines son un poco como esas ensaladas que haces cuando andas escaso de compra y te toca rebuscar en las estanterías del frigo para prepararte algo de cena. Pero para esta plantación me doy el gusto de tirar de receta y diseñar la variedad, concentración y ubicación de las especies. La mayoría de los ingredientes los compro en un vivero holandés del que hasta ahora tenía muy buena opinión (no me hagan hablar, que esto da para toda una entrada). Pero al fin la cosa sale bien y mi nueva plantación contiene: Allium sphaerocephalon, Baptisia australis, Cortaderia selloana, Eragrostis spectabilisFestuca glauca, Helianthus tuberosus, Koeleria glauca, Leucanthemum x maximum AlaskaMiscanthus sinensis MalepartusOriganum laevigatum herrenhausen,  Phlomis russeliana, Sedum  telephium 'Herbstfreude', Stachys byzantina, Stipa tenuissima.  

Al comienzo de la primavera el quitar hierbas malas es todo

Arranque primaveral de los macizos de vivaces

A mediados de primavera la plantación del año pasado luce espectacular

Preparándose para la llegada del verano

Verano del 2016  

Sequía, sequía y más sequía

Los calores de julio se juntan con una larga lista de problemas en el sistema de suministro de agua que me hacen hiperventilar. Al final no queda otra que tirar de filosofía y ver el lado bueno de las cosas. ¿Qué mejor forma de comprobar la resiliencia de mis plantaciones frente a la sequía? Entre averías y otros problemas que no vienen al caso algunas de mis plantaciones se pasan unas cuantas semanas de julio y agosto sin recibir una gota de agua. El experimento me podría haber salido caro, pero para mi sorpresa y felicidad resisten sin que haya bajas apreciables. Mi plantación más antigua (en la que menos he mimado la selección de especies) recibe los primeros riegos casi agónica, pero el resto han resistido sin mostrar síntomas importantes de estrés hídrico. La plantación a lo Olivier Filippi también la podemos calificar de éxito al menos en lo relativo a su capacidad de aguantar la falta de agua. Este es su primer año y las plantas, en su mayoría de una savia en alvéolo forestal, es imposible que hayan enraizado. Además me temo que no he seguido demasiado bien las indicaciones del autor francés o que mi pendiente es incompatible con el modelo, porque mis alcorques no retienen apenas el agua y no hay forma de regar en condiciones. Pero aún así, con cuatro riegos con una manguera en todo el verano, las plantas resisten nuestros tres meses de infierno.
Aspecto de las plantaciones a mediados de verano

Aspecto de las plantaciones en julio tras dos semanas sin riego

Aspecto de las plantaciones en agosto tras casi tres semanas sin riego

Aspecto de las plantaciones en septiembre
Nueva plantación a finales del verano

El muro olímpico

Hablando con paisajistas sobre su trabajo es fácil oírles hablar sobre una fase inicial de creación de la estructura del jardín (muros, caminos, borduras y obras en general) que viene seguida de una segunda fase de plantaciones. Es lógico. O no si eres un aficionado sin demasiado tiempo y dinero y loco por plantar cosas. Esos somos nosotros. Y claro, ahora tenemos un jardín que no parece un jardín, porque le falta eso, estructura. Ay, lo mucho que puede cambiar una plantación de vivaces con una simple bordura. Así que ahora estamos dándole vueltas a la mejor forma de abordar una larga lista (una lista, claro) de caminos, setos, borduras y muros de contención. Por empezar por algún sitio este verano nos centramos en un nuevo muro que acote una zona en la que queremos tener una mesa de exterior en la que celebrar comidas y cenas (¿para qué quieres un jardín si no es para celebrar una barbacoa en condiciones?) Durante mucho tiempo le hemos dados infinidad de vueltas a cómo abordar ese dichoso muro hasta que un día echando un vistazo a unas fotos de los jardines de Waltham Place lo vimos con claridad: un muro de ladrillos castellanos de toda la vida. Queríamos ladrillos de color rojizo con un tono que no desentonase con la arcilla de la zona. Y que el muro quedase con sus imperfecciones, aspecto envejecido, no muy bien rematado... estaba claro que lo teníamos que hacer nosotros. Y lo hemos bordado. Todo son imperfecciones en ese muro. Parece que lleva ahí toda la vida. Lo de llamarlo olímpico no es porque sea colosal o soberbio, responde a un motivo mucho más prosaico: lo construimos con el sonido de fondo de los atletas en las olimpiadas de Río. Entre carretilla y carretilla de cemento una cervecita y a ver como otros sudaban, que ya lo decía mi sargento en la mili cada vez que paraba a tomarse uno de sus cincuenta descansos diarios: en todos los trabajos se fuma.

Nuestro muro en plena construcción

A finales del verano compramos algunas macetas para vestir los muros de contención que ya teníamos

Otoño del 2016

Haciendo de oveja 

Durante todo el verano y el otoño me he preocupado de aprovechar un recurso que hasta ahora había desperdiciado: la recolección de semillas de mis vivaces y de las de otros. En el otoño llega el momento de usarlas en la zona de pradera. Nunca he realizado una siembra otoñal y ahora recuerdo por qué. Un año más la asfixiante sequía del verano se adentra en el otoño amenazando solaparse con el frío del invierno. Además hay otra complicación. Hay que decidir cómo actuar porque echar las semillas en esa losa de arcilla me parece tirarlas en todas las acepciones de la palabra. Y volver a arar el terreno no me gusta por el esfuerzo que implica y porque supondría eliminar las pocas vivaces que he conseguido con la siembra primaveral. Al final la solución me la da Dan Pearson en la entrada Making Meadows de su blog Dig Delve: "El uso invernal de los campos por parte del ganado empuja la semilla hacia el suelo y se convierte en la mejor forma de establecer las semillas, así que dejamos a las ovejas en los campos para que pisoteen el suelo y traigan algo de barro a la superficie. Esto se puede simular escarificando la pradera y pasando un rodillo después de la siembra, pero las ovejas hacen un mejor trabajo y mantienen la hierba corta durante el invierno". No tengo ovejas a mano así que opto por la opción de escarificar y hago una pasada superficial de la motoazada por la zona a sembrar. Suficiente para romper la costra superficial pero sin llegar a arrasar todas las plantas ya germinadas. Por cierto que Dan Pearson incide mucho en otras dos claves en su entrada: el uso de Rhinanthus minor, una especie parásita que reduce el vigor de las gramíneas y da una opción a las flores, y lo que él llama over-sow, que yo traduzco por "echar semillas con cojones". Lo del Rinanthus minor no lo necesito, mis hierbas ya son parasitadas por la arcilla y este clima de mierda. Lo del over-sow me apetece más, más vale que sobre que no que falte. Así que en primavera echaremos más semillas. Mientras en otoño he distribuido en la zona "ovejeada" por mi unos 500 gramos de la siguiente mezcla de semillas:  Achillea filipendulina, Agrostemma githago, Anchusa azurea, Anthemis arvensis, Anthemis tinctoria, Centaurea cyanus, Chrysantemum segetum, Daucus carota Queen Anne's Lace, Echinacea pallidaEryngium yuccifolium, Gaillardia aristata, Leucanthemum superbum, Papaver rhoeas, Ratibida columnifera, Salvia nemorosa, Salvia sclarea Turkestanica,  Salvia verbenaca, Thapsia villosa.

La de horas de trabajo que hay detrás de este puñado de semillas
Nueva plantación en otoño

Plantación arrancando el otoño
Esta plantación tiene su momento cumbre en otoño

Y en fin, ya estamos de nuevo metidos en el invierno, aprovechando para plantar algún árbol a raíz desnuda, repartir compost en el huerto y segar las plantaciones de vivaces antes de que se nos eche encima la primavera. Y sobre todo disfrutamos de la falta de preocupaciones en un jardín dormido, que para el 2017 el cielo dirá. 

jueves, 27 de octubre de 2016

¿Se ha vuelto Caruncho naturalista?

La respuesta a la pregunta que titula esta entrada debería ser, supongo, un rotundo no. Ni falta que le hace, claro. Pedirle a Caruncho que haga jardines naturalistas sería como pedirle a Velázquez que haga sus pinitos en el impresionismo. O a Picasso, que no quiero sugerir que una hipotética evolución de Caruncho al naturalismo sería una evolución de lo antiguo a lo moderno. La jardinería de Fernando Caruncho no puede ser más moderna y actual. La pregunta no es más que la ironía que ha venido a mi cabeza al leer la historia sobre el jardín de su casa que ha publicado recientemente la revista Architectural Digest. El elemento central del jardín de la casa Caruncho es una estanque elevado rodeado en tres de sus caras por una columnata en forma de U y por una ladera cubierta de densos y sinuosos setos de escalonia en la cuarta. Esos setos de escalonia que trepaban hacia un kiosko abierto a la luz y a las montañas eran el elemento vegetal icónico de ese jardín. Y digo eran porque hace cinco años un par de hongos introducidos por nuevas plantas fulminaron los fabulosos setos de escalonia. Después de tratar de eliminar por todos los medios la infección fúngica, Caruncho se vio obligado a asumir que la única solución viable era arrancar todos los macizos de boj y escalonia arrasados por los hongos. La historia es triste pero también inspiradora. Triste porque uno esperaría que un jardín como ese fuese tan eterno como el David de Miguel Ángel. Inspiradora porque lo que acabo de decir es una tontería: no hay jardín eterno e inmutable y si hasta el mismísimo Caruncho con todo el conocimiento y medios a su alcance debe someterse a los caprichos de la naturaleza, qué no deberemos hacer los demás. Cómo dicen en el artículo, después de la desolación inicial Caruncho enseguida percibió que la estructura principal de su jardín aún seguía allí esperando a que enterrase su dolor y se pusiera manos a la obra a cultivar una nueva encarnación del jardín. "Los jardines, como las personas, tienen un ciclo: nacen, crecen, maduran y mueren. Por primera vez en mi vida, entendí esto. Necesitaba aceptar las nuevas condiciones pero retornar a las ideas originales", dice Caruncho al respecto de la debacle de sus escalonias. Mira, en eso llevamos ventaja al maestro. Yo hace mucho que aprendí que el aspecto de mi jardín puede estar marcado por lo caprichos nocturnos de un jabalí. Pero quizás lo más sorprendente ha sido la forma en la que ha rediseñado su jardín, porque los nebulosos y compactos setos han sido sustituidos por una exuberante plantación de cosmos blancos. Anuales para sustituir un seto de arbustos perennes. Frente a lo estático y estable lo movible y variable. Frente a lo robusto y perenne lo frágil y mortal. Frente a la severidad de los setos primorosamente recortados la exuberancia y descontrol de las anuales que se resiembran cada año. Da la sensación de que la crisis de sus escalonias ha abierto los ojos del diseñador hacia los ciclos más fugaces de la naturaleza. Vean la mutación del jardín dentro de una misma estructura formal para entender el cambio sustancial: 
Foto del antes
Foto del antes
Aspecto tras la debacle de las escalonias. Fuente: Fotos de Silvia Cerrada en Architectural Digest


Aspecto tras la debacle de las escalonias. Fuente: Fotos de Silvia Cerrada en Architectural Digest
Parece que los cosmos son una solución temporal que vendrá a ser sustituida por alguna otra especie. Alguna planta que estuviera de moda en los jardines del siglo XIX y haya caído en desuso, dice el paisajista, o alguna especie nativa como Myrtus tarentina porque la debacle de las escalonias le han convertido en un ardiente defensor de las nativas. Ay, las nativas tampoco son la solución o toda la solución. Que se lo digan a los amantes de los olmos o de los castaños. Hasta la invencible encina parece que está siendo diezmada por algo de nombre tan horrible como "la seca". Lo más parecido a una solución puede estar en asumir profundamente las propias palabras de Caruncho: "Es posible tener un jardín que dure para siempre y sea a un tiempo efímero. El renacimiento es el milagro de los jardines, y eso es algo que estará conmigo para el resto de mi vida".
La historia de las escalonia de Caruncho me ha recordado un montón a la historia del fin de otro seto que en su día fue muy conocido: la cortina de setos de tejo que con sus formas de olas creaban el fondo del jardín de Piet Oudolf en Hummelo. Estos setos se encontraban en una zona que se inundaba periódicamente y los hongos habían terminado por hacerles bastante daño, y en Mayo del 2011 Piet decidió eliminar uno de los elementos más representativos y estructurales de su jardín. Tuvo que ser una decisión difícil para él y un disgusto para muchos de los admiradores de su jardín, pero de esto va la jardinería, aunque no todo el mundo lo entienda. El libro Oudolf, Hummelo, acaba con una anécdota muy curiosa sobre la eliminación de estos setos de tejo. Piet Oudolf lo cuenta así: "Una día, dos personas estaban caminando alrededor de nuestra propiedad. Caminaban hacia delante y hacia atrás y noté que no miraban las plantaciones. Me acerqué a ellos y les pregunté si podía ayudarles a encontrar algo. Dijeron que había hecho todo el camino desde Bruselas para ver los setos que habían visto en el libro Landscapes in Landscapes. Les dije que habían muerto, pero que había otro montón de cosas para ver. Estaban sorprendidos y decepcionados. Habían conducido dos horas y media para ver los setos. Sin mirar nada más, se montaron en su coche y se marcharon". En fin, no siento mucha simpatía por esa pareja de belgas. Hay que ser cenutrio para llegar a Hummelo y frustrarte por no ver unos setos de tejo. Hay que entender poco la jardinería. Hasta los mismísimos tejos de Jacques Wirtz, que supongo que la pareja de belgas adorará, un día serán pasado. Porque los jardines son seres vivos que distan mucho de ser eternos. A veces pueden parecerlo, pero no nos engañemos, es sólo porque nosotros aún duramos menos. Quien quiera amar la jardinería debe estar dispuesto a amar los ciclos de la naturaleza, que a veces serán lentos hasta la desesperación y otras fugaces como un suspiro. Y casi nunca se adaptarán a nuestros deseos. Pero bienaventurado el que sea capaz de adaptarse a esos tiempos, de contactar con la naturaleza y acompasar sus ilusiones y anhelos a los caprichos de aquella, porque de él será el reino de los jardines. Pero ojo, que este acompasar y encajar los golpes no es una actitud pasiva. Si me lo permiten voy a usar una frase de Thomas Mann que aunque escrita en un contexto que no tiene nada que ver encaja a la perfección aquí: "Pues la entereza ante el destino y la gracia en medito del sufrimiento no sólo suponen resignación paciente: son también actividad, un triunfo positivo". Así es. Soñar y tratar de anticiparse a los resultados son el núcleo mismo de la jardinería. Y diría que adaptarse y ser resiliente (y aquí me refiero al jardinero, no al jardín) frente a la cruda realidad es el resto.  
Y todo esto me lleva a replantearme de nuevo la pregunta. ¿De verdad no es Caruncho naturalista? Pues a ver, si entendemos por naturalismo la Nueva Ola de Vivaces, pues parece claro que no. Al menos no conozco ningún jardín de este jardinero en el que se empleen complejas mezclas de vivaces para evocar una naturaleza salvaje y exuberante en el espectador. Pero ¿es acaso sólo eso el naturalismo? Yo diría que no, que naturalismo es considerar a la naturaleza como referente y fuente de inspiración fundamental, y que visto desde esta perspectiva cualquier jardinero que se merezca tal nombre, no puede ser más que naturalista aunque no use una sola vivaz en sus plantaciones. La charla Ted de la investigadora y escritora Emma Marris arranca así: "Estamos robando la naturaleza a nuestros hijos. Ahora, cuando digo esto no me refiero a que estamos destruyendo la naturaleza que ellos querrán que nosotros hubiéramos preservado, aunque eso por desgracia es lo que está pasando. Lo que quiero decir aquí es que hemos empezado a definir la naturaleza de una forma que es tan purista y tan estricta que bajo la definición que estamos creando para nosotros mismos, no habrá naturaleza disponible para nuestros hijos cuando sean adultos". A partir de aquí se lanza a una brillante charla de 15 minutos donde hace un excelente resumen de los pilares su libro. El impacto del ser humano sobre los ecosistemas terrestres es tan grande que algunos científicos ya llaman a este período el Antropoceno. Para algunos como Bill McKibben la naturaleza es algo apartado del hombre, y dado que sólo el cambio climático ya supone que cada milímetro del planeta ha sido alterado por el hombre, entonces la naturaleza ya no existe. Pero este supuesto parte de una base injusta y despectiva en grado sumo, que es considerar al ser humano como ajeno a la naturaleza. Seremos dañinos, pero somos tan naturaleza como una simpática ballena o el detestable picudo rojo que acaba con nuestras palmeras. Naturaleza no es aquello que no está tocado por el ser humano, naturaleza es cualquier espacio donde la vida prospera, donde múltiples especies conviven. Y  con este cambio de perspectiva, milagrosamente la naturaleza nos rodea por todas partes. Y además esta naturaleza se encuentra mucho más a mano que los hipergestionados, primorosos e intocables parques nacionales. "Hay una paradoja interesante: esta naturaleza, esta parte salvaje y desatendida de nuestros paisajes urbanos, periurbanos y agrícolas, es más salvaje que un parque nacional, porque los parques nacionales están gestionados con mucho cuidado", dice Marris, que acaba dando dos líneas de acción para que no robemos la naturaleza a nuestros hijos: primero, no podemos definir la naturaleza como algo que no haya sido tocado por el ser humano. No tiene sentido nunca más porque no hemos dejado de tocar todos los ecosistemas terrestres desde hace miles de años y porque eso excluye la naturaleza que la mayoría de la gente puede visitar y disfrutar. Y segundo, dejemos que nuestros hijos toquen la naturaleza, porque lo que no es tocado no es querido. La charla acaba con la foto de un niño con una flor en la mano y Emma dice: "Yo no quiero ser quien le diga que la flor que sujeta es una hierba mala invasiva no nativa que debería tirar como basura. Creo que prefiero aprender de este niño que no importa de dónde viene esta planta, es hermosa y se merece ser tocada y apreciada". 
Pues creo que esta misma argumentación hecha sobre los ecosistemas planetarios se puede llevar al mundo de la jardinería. La nueva ola de vivaces, como producto tierno de nuestros tiempos ha recibido palos a diestro y siniestro. No es difícil encontrar artículos, especialmente en el mundo anglosajón de fuerte tradición horticultural, que hablan de ella con la misma condescendencia despectiva con la que Louis Leroy bautizó a los nuevos pintores como Impresionistas después de ver el famoso cuadro de Monet. Pero curiosamente también reciben críticas de las corrientes más ecologistas que consideran que se quedan tan cortos en su pureza ecológica que hasta son perniciosos. Las críticas de los primeros no preocupan mucho, porque el movimiento está ya tan maduro y son tantas las figuras de primer nivel que conjugan naturalismo con vivaces con planteamientos más tradicionales que la opinión de ciertos críticos puede hacer ya poca mella. Pero las críticas de los segundos, apoyadas en su autoproclamada superioridad moral por defender algo tan noble como y altruista como la supervivencia del planeta pueden hacer más daño. Si hay quien critica como poco ecológicos los jardines de Noel Kingsbury o Piet Oudolf, que no dirán de los jardines de Fernando Caruncho. ¿Pero saben qué les digo? Pues que yo cuando veo un jardín hermoso veo la foto del niño con una flor de Emma Marris, algo que se merece ser disfrutado y apreciado. No dejemos que los jardines de vivaces se hagan con el monopolio de la naturaleza, porque una pradera de gramíneas de Dakota no es más naturaleza como un olivar de Jaén. Y mucho menos dejemos que lo hagan los ecosistemas definidos por algunos rígidos puristas. Hagamos jardines hermosos y larga vida al naturalismo que esconden todos ellos. 

jueves, 13 de octubre de 2016

Amalia Robredo. Pasión por las Nativas

Leyendo las últimas publicaciones sobre jardines naturalistas uno podría pensar que su diseño siempre se ha sustentado fundamentalmente sobre principios ecológicos y de sostenibilidad. En realidad yo tiendo a pensar que estos principios son consecuencia lógica y reciente de la madurez y el contexto social de un movimiento que surgió con ideas más estéticas y funcionales que ecológicas. Los primeros autores  buscaban despertar en el espectador un sentimiento emocional y lo hacían a través de la evocación de determinados paisajes. No deja de ser lo mismo que ya hizo Capability Brown pero cambiando la Arcadia por praderas y prados silvestres. Aún así, el movimiento en seguida se diferenció de las costosísimas borduras inglesas de Gertrude Jekyll o Christopher Lloyd en su afán por poner algo de racionalidad al mantenimiento de los jardines y siempre se apoyó con firmeza en el "la planta adecuada para el lugar adecuado" de Beth Chatto. Pero ha sido en tiempos más recientes, justo cuando grandes segmentos de las sociedades más prósperas perciben el mundo como un ente frágil a punto de ser devastado por cataclismos climáticos bien merecidos por nuestros desmanes, cuando el movimiento se ha visto más influenciado y a veces incluso forzado por criterios de tinte ecológico. La sostenibilidad y la necesaria reducción de los insumos en cualquier actividad, jardinería incluida, son aspectos que sin duda deben preocuparnos en un mundo hiperpoblado e hiperinfluenciado por el hombre. De esta preocupación surgen El Tercer Paisaje de Gilles Clement, The Rambunctious Garden de Emma Marris o Planting in a Post-Wild World de Claudia West y Thomas Rainier. Y también surgen estupideces con tintes absolutistas y a veces hasta un tanto xenófobos que nos hacen leer discusiones tan peregrinas en internet como si Pictorial-Meadows se merece usar la palabra meadow en su nombre o si los jardines de Piet Oudolf no son buenos para la naturaleza porque osa usar flores no nativas. 
Precisamente sobre el uso o no uso de especies exóticas en los jardines hay un perenne y acalorado debate y a partir de lo leído percibo que las personas que abogan por el uso de especies nativas en los jardines (en realidad casi todo el mundo hoy en día) lejos de formar lo que podríamos llamar un grupo ideológico compacto, se mueven a lo largo de un gradiente de extremismo muy marcado: en un extremo tenemos aquellas personas que consideran que lo único aceptable es el uso de plantas nativas y que por lo tanto las exóticas debían prohibirse por ley y en el otro las que más bien opinan que es un desperdicio no usar todas las plantas nativas que tenemos a nuestro alcance dadas las enormes ventajas que aportan. Las primeras suelen argumentar con criterios moralistas con bastante poca base científica y ven en cada flor foránea una invasión de ranas en Australia. Las segundas se acercan al uso de nativas con criterios mucho más cercanos a los principios del movimiento naturalista de diseño de jardines, no se cierran al uso racional y meditado de exóticas y en el fondo de su actuación está la búsqueda de una mayor racionalidad y sostenibilidad en la jardinería. Si queremos usar la planta adecuada en el sitio adecuado, ¿por qué no usar las que ya crecían aquí sin nuestra ayuda?, ¿por qué no disfrutar de las enormes cualidades estéticas de algunas de nuestras plantas silvestres?. Hay muchos ejemplos de diseñadores que han sido capaces de crear jardines con un potente sentido de pertenencia a un lugar apoyándose en un uso mayoritario de especies autóctonas. De hecho apostaría porque la Alhambra que dejó Boabdil era algo así. Pero sin irnos tan lejos, tenemos desde los jardines selváticos de Roberto Burle Marx hasta las praderas de Wolfgang Oehme y James van Sweden o el Millenium Park de Piet Oudolf en Chicago. El uso de especies nativas en jardinería puede tener tantas caras como ecosistemas hay en el mundo, y en la actualidad sigue habiendo personas que tratan de dar con sus jardines una respuesta contundente, clara y empírica a las preguntas que planteábamos. Entre todas ellas si tuviera que elegir una a quien poner el título de pionera de estos días por lo atrevido y esforzado de su planteamiento esa sería sin duda Amalia Robredo. 
En la última edición de la revista Verde es Vida, Elita Acosta realiza una interesante entrevista a esta paisajista argentina que desarrolla su trabajo desde hace años en Uruguay. Amalia empezó estudiando biología (algo que sin duda le ayudó en su futura forma de abordar el paisajismo) hasta que decidió apostar por una vocación en la que el aspecto estético y de estructuración del espacio tenían mucho peso. Así decidió estudiar paisajismo en la Escuela Argentina de Espacios Verdes. Terminados los estudios y lanzada al mundo profesional encuentra su primera influencia en la pareja de paisajistas argentinas Martina Barzi y Josefina Casares, quienes a su vez se reconocen discípulas del prestigioso paisajista inglés John Brookes. John Brookes es un prolífico autor de libros de diseño de jardines como The Room Outside donde explica sus principios de diseño basados en el principio de la cuadrícula que permite que los elementos se relacionen en el jardín de una manera proporcionada. Fruto de este principio y de la influencia que Thomas Church ejerció sobre él, sus jardines abundan en líneas simples y cuidadas curvas que marcan una clara geometría en el jardín. Pero esta geometría es suavizada por grupos de plantas dispuestos al azar a las que se permite propagarse desde semilla y se gestionan mediante la extracción de los elementos que ponen en peligro el éxito de la composición. Estos principios sin duda aparecen en el trabajo y los cursos que imparten en el estudio Barzi-Casares y a través de ellas Amalia se introdujo por primera vez en los conceptos de observación y edición de la naturaleza como herramientas troncales para el diseño y mantenimiento de jardines. Fue precisamente en la finca de Josefina Casares donde Amalia pudo ver praderas en las que las especies nativas crecían con espontaneidad, algo que le sirvió de importante fuente de inspiración para abordar los jardines de su propia finca (chacra le dicen por allí) La Pasionaria. En el 2002 Amalia se trasladó a La Pasionaria, una finca de cinco hectáreas en José Ignacio un pueblecito muy cercano a Punta del Este, en la costa uruguaya. Ajardinar una finca de cinco hectáreas le impuso como requisitos de entraba bajos costes de implantación y mantenimiento. Así, acompañar a la naturaleza dejando que las praderas se desarrollasen por sí mismas parecía algo inteligente y adecuado. Los primeros años dejó que las praderas de su finca donde antes pacía el ganado se desarrollaran libremente.
Praderas naturales en José Ignacio
La autora realizaba pequeñas intervenciones eliminando los árboles y arbustos que aparecían y realizando siegas periódicas. Los primeros años, pese al exigente clima marítimo de la región de Maldonado los resultados fueron espectaculares. Las praderas lucían una diversidad de flores y gramíneas altísima y entre ellas había especies con un alto valor ornamental. Pero a partir del cuarto año esta diversidad comenzó a caer en picado y Amalia se vio obligada a embarcarse en búsqueda de nuevas respuestas. Decidió unirse a un viaje dirigido por Noel Kingsbury a Alemania y Holanda. Conociendo la pasión por su trabajo y el espíritu docente de ambos es fácil aventurar que Noel y Amalia encajaron a la perfección. De hecho Amalia considera a Noel su mentor y gracias a él pudo acceder a un selecto grupo de profesionales que estaban y están haciendo cosas muy interesantes en el diseño de jardines naturalistas. Cassian Schmidt, Piet Oudolf, Roy Diblick o Neil Diboll pudieron conocer de primera mano el trabajo y la pasión de Amalia. Neil Diboll por ejemplo, a quien Amalia pudo conocer en un segundo viaje con Noel, en este caso a Chicago, es un pionero en la industria de producción de planta nativa. Ha dirigido el vivero Prairie Nursery  en Wisconsin durante más de 30 años dedicando su vida a la propagación y promoción de las cualidades estéticas y ambientales de plantas nativas de las praderas del medio oeste americano. Charlas con personas así ayudaron a Amalia a depurar sus protocolos de investigación aunque la primera conclusión con las nativas es que no hay nada que pueda sustituir al trabajo de campo. 
La foto de este diseño de Karina Hogg en un tejado aparece en el libro Planting, A New Perspective
de Noel Kingsbury y Piet Oudolf como un ejemplo de actuación innovadora en tiempos recientes.
Amalia asesoró en la plantación y se emplearon plantas nativas obtenidas en sus primeros trabajos
de reproducción en vivero de especies silvestres de la zona de Maldonado.
Amalia tuvo que experimentar mucho hasta dar con las claves que permitían conservar la biodiversidad de sus praderas en José Ignacio. En estas praderas conviven plantas de crecimiento invernal y floración primaveral con plantas que crecen en primavera y florecen a finales del verano. Mantener los dos tipos de vegetación en una misma pradera requiere ser muy específico con los momentos de siega, ya que una siega en un momento inapropiado puede hacer que unas especies se hagan con el nicho de otras. Una siega primaveral por ejemplo, puede potenciar la capacidad expansiva de las plantas de crecimiento primaveral y llevar a la extinción a las de crecimiento invernal. Conocer esto puede parecer obvio, pero si tratamos de calcular las combinaciones que pueden surgir de cientos de especies junto con decenas de ecosistemas marcados por un tipo de suelo, orientación solar y cualquier otro factor que afecte al desarrollo de las plantas, es fácil concluir que no basta una vida para llegar a resultados deterministas. Pero sí es posible establecer una serie de patrones y factores clave, y para ello quizás el aspecto más importante se encuentra en conocer las plantas que tenemos entre manos. Decía Beth Chatto que diseñar jardines es como escribir. Primero es necesario conocer las palabras y sus significados, y a partir de aquí puedes plantearte hacer combinaciones sencillas (una frase) o complejas (una verdadera historia). Por supuesto en la analogía el equivalente a las palabras y sus significados son las plantas y su comportamiento, y Amalia decidió construirse su propio diccionario. Durante años elaboró un detallado herbario en el que catalogó más de 300 especies nativas de la costa atlántica de Maldonado incluyendo infinidad de datos sobre sus características y ecología. Tanto trabajo tuvo su recompensa en forma de una donación del gobierno uruguayo que la permitió publicar su investigación y, más importante aún, arrancar la producción comercial de algunas especies. Su colaborador Hugo Sierra montó un vivero en el que comenzaron a cultivar algunas de las especies con mayores posibilidades ornamentales. Este trabajo fue clave para empezar a introducirlas en algunos de los jardines que realizaba para sus clientes. Al principio con cuentagotas para evitar que fallos imprevistos provocaran grandes vacíos estructurales en el jardín, y cada vez más generosamente a medida que sus clientes eran personas conocedoras e interesadas en su trabajo. Este trabajo de producción e introducción en jardines privados de especies nativas fue clave para romper el círculo vicioso establecido habitualmente entre viveros y sus clientes: yo tengo lo que quieres comprar y yo compro lo que tienes. Mediante un trabajo basado en el respeto a la naturaleza, la búsqueda de la reducción de los costes de mantenimiento, la conversión de debilidades en fortalezas, la búsqueda de una estructura que optimice el empleo del espacio y el empleo de especies nativas propias de las praderas costeras de su zona, Amalia ha sido capaz de crear un sello propio. Gracias a ello a estas alturas ha logrado introducir más de 30 especies silvestres en la red comercial de viveros, colaborando de manera clave en la difusión del potencial ornamental y por lo tanto en la conservación de algunas especies endémicas. Quién planta una flor en su jardín y se esfuerza porque prospere difícilmente va a mirar con indiferencia esa misma flor cuando la vea en los montes. El valor de la creación de jardines con especies nativas va más allá de los propios jardines, porque conseguir que la gente aprecie es conseguir que la gente preserve. Hoy día los paisajistas y jardineros tienen una responsabilidad con el medio ambiente, con los ecosistemas a los que afectan y en los que pueden aportar un valor diferencial de mejora. Ya no se trata sólo de no afectar negativamente evitando la introducción de especies invasoras o el diseño de jardines que exijan consumos ingentes de agua. Ahora es necesario generar comunidades vegetales y jardines que sumen a la naturaleza y puedan interrelacionarse con y aportar un valor a los seres vivos que los rodean. Y por supuesto sin que esto signifique cruzarse de brazos a ver como la naturaleza actua, porque la naturaleza a sus anchas a veces es rematadamente fea y cruel. La labor del jardinero dentro de su área de acción será embellecer, favorecer ciertos procesos naturales de recuperación y mantenimiento y concienciar a la población local de la importancia de los ecosistemas en los que vive. Todo esto Amalia lo ha hecho tan rematadamente bien que a mi entender se encuentra en un puesto de honor en el mundo actual del diseño naturalista de jardines. Así lo entendieron otros y de hecho ha estado invitada a impartir seminarios y colaborar en proyectos de investigación en otras áreas de Sudamérica como México y el Cerrado Brasileño. Algo que sin duda habrá hecho encantada porque considera parte troncal y emocionante de su trabajo dar charlas, clases y conferencias, escribir artículos, organizar talleres, acoger visitas a su chacra La Pasionaria... o recomendar de vez en cuando un blog en castellano.
Y esto me lleva a reconocer que mi debilidad por esta paisajista no el del todo desinteresada. En una de las películas de Men in Black, Will Smith le dice una tontería de frase a Tommy Lee Jones que siempre me ha encantado: "¿Sabes cuál es la diferencia entre tú yo? Que yo hago que esto luzca". Pues eso mismo podría decirme a mi Amalia. Por el 2004 andaba yo venga a escribir y venga a escribir y el día que ella entró en mi blog y me dedicó un par de alabanzas en su cuenta de Facebook esto se puso a lucir. Empecé a escribir este blog motivado por el difunto blog "Escrito en un instante" de Antonio Muñoz Molina. Encontré el tono y contenido de lo que quería contar gracias a Grounded Design de Thomas Rainier. Y sigo escribiendo gracias a Amalia. Difícil saber cómo una persona llega un blog (se lo dejo a los expertos en SEO) pero estoy seguro de que sin Amalia no conocería ni a una décima parte de las personas tremendamente interesantes que he podido conocer gracias a estas líneas. Y de momento aquí seguimos.






Fuente: Estudio Amalia Robredo. Paisajismo e Investigación

jueves, 1 de septiembre de 2016

Miguel García, la conexión madrileña de Sheffield

Sheffield es una pequeña ciudad del norte de Inglaterra. El típico sitio que uno asocia a lluvia, cerveza, fútbol y decadencia después de la crisis siderúgica y minera de los años 80. Nunca he estado allí, así que supongo que me influye bastante que esta ciudad fuera el escenario de la película Full Monty. Tampoco ayuda que cuando busques algo sobre ella a las primeras de cambio te encuentres con lo que escribió George Orwell:  Sheffield, supongo que podría reclamar justamente ser llamada la ciudad más fea del viejo mundo. Con esta imagen en la cabeza (seguro que injustificada) no deja de resultar sorprendente la cantidad de noticias y estudios interesantes sobre plantaciones naturalistas y ecología que parecen nacer en esta ciudad. En realidad no debe ser tan sorprendente, parece que hoy en día Sheffield es una ciudad con una pujante vida universitaria y una facultad de paisajismo que se ha hecho con un renombre mundial. Nigel Dunnet y James Hitchmough son profesores en esta universidad. Ambos son conocidos por sus trabajos relativos al diseño de plantaciones ecológicas y estéticamente atractivas y especialmente famosos desde su participación junto con Sarah Price en el desarrollo de las plantaciones naturalistas del Parque Olímpico de Londres. Su aproximación se diferencia de otras en que frente a la plantación de pequeñas plantas ellos apuestan por la siembra de mezclas de semillas. La siembra de semillas permite disponer de mayor diversidad de especies y mayor densidad de plantación, lo que conlleva ventajas como mayor competitividad con las malas hierbas y una sucesión estacional más rica.  En ocasiones la siembra se complementará con la plantación de especies cuya obtención desde semilla sea especialmente complicada. Ese precisamente ha sido el planteamiento de la plantación que Nigel Dunnet y Tom Stuart-Smith han realizado en Valladolid, mi patria chica. Allí se plantó una matriz de arbustos que fue completada con la siembra de una mezcla de semillas diseñada por Nigel Dunnet. He visto esta plantación dos veces, en octubre del año pasado y en junio de éste, y mi interés sobre la misma ha crecido de manera exponencial (si alguien conoce al responsable de su mantenimiento estoy deseando tener la oportunidad de hacerle unas cuantas preguntas). En octubre la plantación se encontraba totalmente agostada y me resultó llamativa la radicalidad del planteamiento. Ni complejos sistemas de riego a la vista ni mejora de un suelo paupérrimo, yesoso y pedregoso. Naturalismo extremo. Debo reconocer que no aposté mucho por el éxito de la plantación en semejante ambiente. Pero este año a finales del mes de junio me encontré con una comunidad vegetal exuberante que sin desentonar con la vegetación natural de la zona incorporaba eso que algunos llaman el factor wow. En mi caso el wow vino a estar bien representado por el ¡¡¡haalaaaaaa, pedazo de jardín!!!, que soltó una de mis hijas.





Hay que aplicar mucha ciencia y conocimiento de la ecología del lugar para lograr un resultado así en un par de años con una siembra desde semilla. Aquí el diseño se centra en la selección de las especies más adecuadas para el entorno en el que deban desarrollarse y los efectos estéticos que se deseen lograr. No es algo sencillo ni barato, aunque una vez hecho la misma mezcla puede ser utilizada en distintos emplazamientos que compartan características ambientales. Así, a partir de los trabajos de Nigel Dunnet surgió la empresa Pictorial Meadows que comercializa distintas mezclas de semillas de anuales y vivaces. La aproximación de esta empresa es en concepto similar a la desarrollada por investigadores como Wolfram Kircher. Estos investigadores alemanes han desarrollado una serie de recetas para combinaciones de plantas adecuadas para distintos entornos y efectos estéticos. Cada mezcla contiene una lista de las plantas recomendadas, el número necesario de cada una de ellas para una superficie determinada y la separación con la que deben plantarse. Sobre el terreno será necesario colocar las plantas de una manera más o menos aleatoria aunque siguiendo algunas sencillas instrucciones de agrupación de especies. La más conocida de esta mezclas es la bautizada como Silver Summer, una mezcla de 26 especies apropiadas para terrenos secos en la que abundan las plantas de follaje grisáceo, de ahí lo de silver. En el fondo es la misma idea que las combinaciones que podemos encontrar en los libros de Michael King o Roy Diblick. El verdadero mérito está en determinar que plantas funcionaran visualmente bien en conjunto y asegurarán una floración durante muchos meses. Eso lo hace el diseñador y el aficionado sólo tiene que conseguir los ingredientes y seguir las instrucciones de la receta. En el fondo esto me recuerda un poco a Ikea: nosotros te damos un diseño de calidad y móntatelo tú mismo.
En fin, que el tema resulta apasionante y por eso es una alegría que en Madrid tengamos a Miguel García experimentando con mezclas de anuales y vivaces en colaboración con el ayuntamiento. Miguel es un ingeniero forestal que ha realizado un máster en paisajismo en la universidad de Sheffield, donde debió dejar muy buen recuerdo habida cuenta de que me consta que Piet Oudolf contó con él durante los contactos que tuvo con el botánico de Madrid. Ahora trabaja con la empresa Pictorial Meadows y ha conseguido que el ayuntamiento de Madrid le deje una parcelas de terreno en el parque Felipe VI de Valdebebas para experimentar con sus mezclas de semillas de anuales y vivaces. El tema es sumamente interesante porque pocas veces se habrán llevado a cabo pruebas de este tipo en un clima como el madrileño, por lo que estará obteniendo conclusiones muy valiosas para la definición y posterior gestión de mezclas que puedan ser comercializadas y usadas en un clima como el nuestro. Pero aparte del aspecto formativo, las plantaciones de Miguel en Valdebebas ya han permitido ver cosas interesantes. Yo he podido ver en tres ocasiones distintas las plantaciones y me han encantado. Los picos de floración de las distintas especies se suceden haciendo que las praderas tengan un aspecto totalmente diferente a medida que pasan las semanas. El parque de Valdebebas se asienta sobre la recuperación de terrenos agrícolas, baldíos y escombreras y en términos generales no puede presumir de tener un suelo que destaque por su riqueza. Las parcelas sobre las que experimenta son bastante pobres y se ven castigadas por una población exagerada de conejos.  Aún así los resultados han sido muy buenos en el caso de las anuales y han permitido comprobar el interés que pueden despertar en los visitantes del parque. Porque ha sido un observador por partida doble, observador de la evolución de sus plantaciones y de la reacción del público a ellas, ya que parte del interés del experimento se encuentra en conocer el interés que pueden despertar en los habitantes de Madrid plantaciones de tipo naturalista. Y en fin, en algunos casos el interés llegaba a ser tan alto que tuvo que convencer al ayuntamiento de colocar un cartel indicando de que se trataba de plantaciones experimentales para evitar que la gente se hiciera ramos excesivamente generosos. Digamos que Miguel sigue la filosofía "hombre, no me importa que cojas un par de flores pero no me arrases la plantación". La definición de las plantas adecuadas a nuestro clima y suelo y el ajuste y optimización de aspectos como preparación del terreno, época de siega, gestión de malas hierbas, tipo y frecuencia de riego, estructura necesaria, etc, etc, requieren tiempo y años de práctica. Así que esperemos que su colaboración con el ayuntamiento continúe durante mucho tiempo, podamos seguir disfrutando de sus plantaciones y otros se animen a seguir su ejemplo.

Aspecto de las plantaciones de Valdebebas a finales de Mayo




Aspecto de las plantaciones de Valdebebas a finales de Junio







Aspecto de las plantaciones de Valdebebas a finales de Julio






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