jueves, 13 de octubre de 2016

Amalia Robredo. Pasión por las Nativas

Leyendo las últimas publicaciones sobre jardines naturalistas uno podría pensar que su diseño siempre se ha sustentado fundamentalmente sobre principios ecológicos y de sostenibilidad. En realidad yo tiendo a pensar que estos principios son consecuencia lógica y reciente de la madurez y el contexto social de un movimiento que surgió con ideas más estéticas y funcionales que ecológicas. Los primeros autores  buscaban despertar en el espectador un sentimiento emocional y lo hacían a través de la evocación de determinados paisajes. No deja de ser lo mismo que ya hizo Capability Brown pero cambiando la Arcadia por praderas y prados silvestres. Aún así, el movimiento en seguida se diferenció de las costosísimas borduras inglesas de Gertrude Jekyll o Christopher Lloyd en su afán por poner algo de racionalidad al mantenimiento de los jardines y siempre se apoyó con firmeza en el "la planta adecuada para el lugar adecuado" de Beth Chatto. Pero ha sido en tiempos más recientes, justo cuando grandes segmentos de las sociedades más prósperas perciben el mundo como un ente frágil a punto de ser devastado por cataclismos climáticos bien merecidos por nuestros desmanes, cuando el movimiento se ha visto más influenciado y a veces incluso forzado por criterios de tinte ecológico. La sostenibilidad y la necesaria reducción de los insumos en cualquier actividad, jardinería incluida, son aspectos que sin duda deben preocuparnos en un mundo hiperpoblado e hiperinfluenciado por el hombre. De esta preocupación surgen El Tercer Paisaje de Gilles Clement, The Rambunctious Garden de Emma Marris o Planting in a Post-Wild World de Claudia West y Thomas Rainier. Y también surgen estupideces con tintes absolutistas y a veces hasta un tanto xenófobos que nos hacen leer discusiones tan peregrinas en internet como si Pictorial-Meadows se merece usar la palabra meadow en su nombre o si los jardines de Piet Oudolf no son buenos para la naturaleza porque osa usar flores no nativas. 
Precisamente sobre el uso o no uso de especies exóticas en los jardines hay un perenne y acalorado debate y a partir de lo leído percibo que las personas que abogan por el uso de especies nativas en los jardines (en realidad casi todo el mundo hoy en día) lejos de formar lo que podríamos llamar un grupo ideológico compacto, se mueven a lo largo de un gradiente de extremismo muy marcado: en un extremo tenemos aquellas personas que consideran que lo único aceptable es el uso de plantas nativas y que por lo tanto las exóticas debían prohibirse por ley y en el otro las que más bien opinan que es un desperdicio no usar todas las plantas nativas que tenemos a nuestro alcance dadas las enormes ventajas que aportan. Las primeras suelen argumentar con criterios moralistas con bastante poca base científica y ven en cada flor foránea una invasión de ranas en Australia. Las segundas se acercan al uso de nativas con criterios mucho más cercanos a los principios del movimiento naturalista de diseño de jardines, no se cierran al uso racional y meditado de exóticas y en el fondo de su actuación está la búsqueda de una mayor racionalidad y sostenibilidad en la jardinería. Si queremos usar la planta adecuada en el sitio adecuado, ¿por qué no usar las que ya crecían aquí sin nuestra ayuda?, ¿por qué no disfrutar de las enormes cualidades estéticas de algunas de nuestras plantas silvestres?. Hay muchos ejemplos de diseñadores que han sido capaces de crear jardines con un potente sentido de pertenencia a un lugar apoyándose en un uso mayoritario de especies autóctonas. De hecho apostaría porque la Alhambra que dejó Boabdil era algo así. Pero sin irnos tan lejos, tenemos desde los jardines selváticos de Roberto Burle Marx hasta las praderas de Wolfgang Oehme y James van Sweden o el Millenium Park de Piet Oudolf en Chicago. El uso de especies nativas en jardinería puede tener tantas caras como ecosistemas hay en el mundo, y en la actualidad sigue habiendo personas que tratan de dar con sus jardines una respuesta contundente, clara y empírica a las preguntas que planteábamos. Entre todas ellas si tuviera que elegir una a quien poner el título de pionera de estos días por lo atrevido y esforzado de su planteamiento esa sería sin duda Amalia Robredo. 
En la última edición de la revista Verde es Vida, Elita Acosta realiza una interesante entrevista a esta paisajista argentina que desarrolla su trabajo desde hace años en Uruguay. Amalia empezó estudiando biología (algo que sin duda le ayudó en su futura forma de abordar el paisajismo) hasta que decidió apostar por una vocación en la que el aspecto estético y de estructuración del espacio tenían mucho peso. Así decidió estudiar paisajismo en la Escuela Argentina de Espacios Verdes. Terminados los estudios y lanzada al mundo profesional encuentra su primera influencia en la pareja de paisajistas argentinas Martina Barzi y Josefina Casares, quienes a su vez se reconocen discípulas del prestigioso paisajista inglés John Brookes. John Brookes es un prolífico autor de libros de diseño de jardines como The Room Outside donde explica sus principios de diseño basados en el principio de la cuadrícula que permite que los elementos se relacionen en el jardín de una manera proporcionada. Fruto de este principio y de la influencia que Thomas Church ejerció sobre él, sus jardines abundan en líneas simples y cuidadas curvas que marcan una clara geometría en el jardín. Pero esta geometría es suavizada por grupos de plantas dispuestos al azar a las que se permite propagarse desde semilla y se gestionan mediante la extracción de los elementos que ponen en peligro el éxito de la composición. Estos principios sin duda aparecen en el trabajo y los cursos que imparten en el estudio Barzi-Casares y a través de ellas Amalia se introdujo por primera vez en los conceptos de observación y edición de la naturaleza como herramientas troncales para el diseño y mantenimiento de jardines. Fue precisamente en la finca de Josefina Casares donde Amalia pudo ver praderas en las que las especies nativas crecían con espontaneidad, algo que le sirvió de importante fuente de inspiración para abordar los jardines de su propia finca (chacra le dicen por allí) La Pasionaria. En el 2002 Amalia se trasladó a La Pasionaria, una finca de cinco hectáreas en José Ignacio un pueblecito muy cercano a Punta del Este, en la costa uruguaya. Ajardinar una finca de cinco hectáreas le impuso como requisitos de entraba bajos costes de implantación y mantenimiento. Así, acompañar a la naturaleza dejando que las praderas se desarrollasen por sí mismas parecía algo inteligente y adecuado. Los primeros años dejó que las praderas de su finca donde antes pacía el ganado se desarrollaran libremente.
Praderas naturales en José Ignacio
La autora realizaba pequeñas intervenciones eliminando los árboles y arbustos que aparecían y realizando siegas periódicas. Los primeros años, pese al exigente clima marítimo de la región de Maldonado los resultados fueron espectaculares. Las praderas lucían una diversidad de flores y gramíneas altísima y entre ellas había especies con un alto valor ornamental. Pero a partir del cuarto año esta diversidad comenzó a caer en picado y Amalia se vio obligada a embarcarse en búsqueda de nuevas respuestas. Decidió unirse a un viaje dirigido por Noel Kingsbury a Alemania y Holanda. Conociendo la pasión por su trabajo y el espíritu docente de ambos es fácil aventurar que Noel y Amalia encajaron a la perfección. De hecho Amalia considera a Noel su mentor y gracias a él pudo acceder a un selecto grupo de profesionales que estaban y están haciendo cosas muy interesantes en el diseño de jardines naturalistas. Cassian Schmidt, Piet Oudolf, Roy Diblick o Neil Diboll pudieron conocer de primera mano el trabajo y la pasión de Amalia. Neil Diboll por ejemplo, a quien Amalia pudo conocer en un segundo viaje con Noel, en este caso a Chicago, es un pionero en la industria de producción de planta nativa. Ha dirigido el vivero Prairie Nursery  en Wisconsin durante más de 30 años dedicando su vida a la propagación y promoción de las cualidades estéticas y ambientales de plantas nativas de las praderas del medio oeste americano. Charlas con personas así ayudaron a Amalia a depurar sus protocolos de investigación aunque la primera conclusión con las nativas es que no hay nada que pueda sustituir al trabajo de campo. 
La foto de este diseño de Karina Hogg en un tejado aparece en el libro Planting, A New Perspective
de Noel Kingsbury y Piet Oudolf como un ejemplo de actuación innovadora en tiempos recientes.
Amalia asesoró en la plantación y se emplearon plantas nativas obtenidas en sus primeros trabajos
de reproducción en vivero de especies silvestres de la zona de Maldonado.
Amalia tuvo que experimentar mucho hasta dar con las claves que permitían conservar la biodiversidad de sus praderas en José Ignacio. En estas praderas conviven plantas de crecimiento invernal y floración primaveral con plantas que crecen en primavera y florecen a finales del verano. Mantener los dos tipos de vegetación en una misma pradera requiere ser muy específico con los momentos de siega, ya que una siega en un momento inapropiado puede hacer que unas especies se hagan con el nicho de otras. Una siega primaveral por ejemplo, puede potenciar la capacidad expansiva de las plantas de crecimiento primaveral y llevar a la extinción a las de crecimiento invernal. Conocer esto puede parecer obvio, pero si tratamos de calcular las combinaciones que pueden surgir de cientos de especies junto con decenas de ecosistemas marcados por un tipo de suelo, orientación solar y cualquier otro factor que afecte al desarrollo de las plantas, es fácil concluir que no basta una vida para llegar a resultados deterministas. Pero sí es posible establecer una serie de patrones y factores clave, y para ello quizás el aspecto más importante se encuentra en conocer las plantas que tenemos entre manos. Decía Beth Chatto que diseñar jardines es como escribir. Primero es necesario conocer las palabras y sus significados, y a partir de aquí puedes plantearte hacer combinaciones sencillas (una frase) o complejas (una verdadera historia). Por supuesto en la analogía el equivalente a las palabras y sus significados son las plantas y su comportamiento, y Amalia decidió construirse su propio diccionario. Durante años elaboró un detallado herbario en el que catalogó más de 300 especies nativas de la costa atlántica de Maldonado incluyendo infinidad de datos sobre sus características y ecología. Tanto trabajo tuvo su recompensa en forma de una donación del gobierno uruguayo que la permitió publicar su investigación y, más importante aún, arrancar la producción comercial de algunas especies. Su colaborador Hugo Sierra montó un vivero en el que comenzaron a cultivar algunas de las especies con mayores posibilidades ornamentales. Este trabajo fue clave para empezar a introducirlas en algunos de los jardines que realizaba para sus clientes. Al principio con cuentagotas para evitar que fallos imprevistos provocaran grandes vacíos estructurales en el jardín, y cada vez más generosamente a medida que sus clientes eran personas conocedoras e interesadas en su trabajo. Este trabajo de producción e introducción en jardines privados de especies nativas fue clave para romper el círculo vicioso establecido habitualmente entre viveros y sus clientes: yo tengo lo que quieres comprar y yo compro lo que tienes. Mediante un trabajo basado en el respeto a la naturaleza, la búsqueda de la reducción de los costes de mantenimiento, la conversión de debilidades en fortalezas, la búsqueda de una estructura que optimice el empleo del espacio y el empleo de especies nativas propias de las praderas costeras de su zona, Amalia ha sido capaz de crear un sello propio. Gracias a ello a estas alturas ha logrado introducir más de 30 especies silvestres en la red comercial de viveros, colaborando de manera clave en la difusión del potencial ornamental y por lo tanto en la conservación de algunas especies endémicas. Quién planta una flor en su jardín y se esfuerza porque prospere difícilmente va a mirar con indiferencia esa misma flor cuando la vea en los montes. El valor de la creación de jardines con especies nativas va más allá de los propios jardines, porque conseguir que la gente aprecie es conseguir que la gente preserve. Hoy día los paisajistas y jardineros tienen una responsabilidad con el medio ambiente, con los ecosistemas a los que afectan y en los que pueden aportar un valor diferencial de mejora. Ya no se trata sólo de no afectar negativamente evitando la introducción de especies invasoras o el diseño de jardines que exijan consumos ingentes de agua. Ahora es necesario generar comunidades vegetales y jardines que sumen a la naturaleza y puedan interrelacionarse con y aportar un valor a los seres vivos que los rodean. Y por supuesto sin que esto signifique cruzarse de brazos a ver como la naturaleza actua, porque la naturaleza a sus anchas a veces es rematadamente fea y cruel. La labor del jardinero dentro de su área de acción será embellecer, favorecer ciertos procesos naturales de recuperación y mantenimiento y concienciar a la población local de la importancia de los ecosistemas en los que vive. Todo esto Amalia lo ha hecho tan rematadamente bien que a mi entender se encuentra en un puesto de honor en el mundo actual del diseño naturalista de jardines. Así lo entendieron otros y de hecho ha estado invitada a impartir seminarios y colaborar en proyectos de investigación en otras áreas de Sudamérica como México y el Cerrado Brasileño. Algo que sin duda habrá hecho encantada porque considera parte troncal y emocionante de su trabajo dar charlas, clases y conferencias, escribir artículos, organizar talleres, acoger visitas a su chacra La Pasionaria... o recomendar de vez en cuando un blog en castellano.
Y esto me lleva a reconocer que mi debilidad por esta paisajista no el del todo desinteresada. En una de las películas de Men in Black, Will Smith le dice una tontería de frase a Tommy Lee Jones que siempre me ha encantado: "¿Sabes cuál es la diferencia entre tú yo? Que yo hago que esto luzca". Pues eso mismo podría decirme a mi Amalia. Por el 2004 andaba yo venga a escribir y venga a escribir y el día que ella entró en mi blog y me dedicó un par de alabanzas en su cuenta de Facebook esto se puso a lucir. Empecé a escribir este blog motivado por el difunto blog "Escrito en un instante" de Antonio Muñoz Molina. Encontré el tono y contenido de lo que quería contar gracias a Grounded Design de Thomas Rainier. Y sigo escribiendo gracias a Amalia. Difícil saber cómo una persona llega un blog (se lo dejo a los expertos en SEO) pero estoy seguro de que sin Amalia no conocería ni a una décima parte de las personas tremendamente interesantes que he podido conocer gracias a estas líneas. Y de momento aquí seguimos.






Fuente: Estudio Amalia Robredo. Paisajismo e Investigación

6 comentarios:

  1. Muy buen post!!! Coincido el trabajo de Amalia es muy bueno y con una sensibilidad especial.

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    1. Muchas gracias! Me alegro de que te haya gustado.

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  2. Thank you for this post. I wish I could read it in your language because my translator does a very poor job. You bring together many of the people and planting themes I'm familiar with, so I follow your blog in spite of the language difficulties.

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    1. Thank you James. I'll try to write an English version in the coming days. My English is not good enough, but I believe I can do it better than the traslator.

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  3. Sebastián Becerra18 de octubre de 2016, 3:10

    Impecable. Eres un escritor estupendo , un divulgador fabuloso y un jardinero muy generoso. Leo y releo tus textos. Gracias

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    1. Muchísimas gracias Sebastián. No tengo yo nada claro que sea todo eso, pero tú sin duda haces unos comentarios muy generosos que animan a seguir escribiendo.
      Un saludo

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