viernes, 28 de julio de 2017

La buena salud de los jardines naturalistas en España


Andre Malraux dijo: el siglo XXI será espiritual o no será. Vaya usted a saber qué quiso decir con eso. Si es que lo dijo, que tampoco está tan claro. Pero es una frase que suena bien, muy contundente, muy profunda. Así que mucha gente la repite, la rebate o la adapta. Ahí va mi adaptación: en el siglo XXI la jardinería será naturalista o no será. No aplicaré derechos de autor sobre la frase, porque en el fondo me parece una perogrullada. Opino que hay que diferenciar el marco del contenido, y que el naturalismo de la jardinería está en el contenido y no en el marco. Como además para mí, naturaleza es prácticamente todo, no me resulta complicado encontrar contenidos naturalistas, por lo que mi visión de lo que es un jardín naturalista es tan amplia que obviamente la jardinería será y es naturalista. Pero esto es hacer trampas porque es cierto que la gente suele tener una idea algo más concreta sobre lo que son jardines naturalistas. ¿Será cierta la frase con una definición algo más acotada de lo que es o deja de ser naturalista? Pues obviamente no lo sé, pero sí creo que debería ser cierta, y más aún en un país como España.  De entre las muchas cosas que pueden definir lo que se entiende en estos días por jardín naturalista, yo me voy a quedar con dos como esenciales: 
  • Perseguir la generación de un impacto emocional en el espectador a través de la evocación de un modelo natural. 
  • Mejorar la huella ecológica del jardín: hacer un uso eficiente del agua, reducir el empleo de productos químicos y maquinaria, y muy especialmente generar ecosistemas que aporten valor a la vida salvaje. 
Estos aspectos que son importantes en general, deben serlo más aún en España en particular. El primero me parece importante porque en España no destacamos especialmente por valorar la naturaleza. Por poner un ejemplo, el interés por la jardinería en nuestro país está muy lejos del existente en otros países. Esto más que opinable es medible, sólo hay que comparar el número de publicaciones, eventos y negocios relacionados con el ramo. Así, buscar a través de un jardín una interpretación de la naturaleza que sea capaz de despertar algo en el espectador, puede ser la mejor de las maneras para que ese espectador se interese por la naturaleza y paisajes que hay más allá del jardín. Respecto a la importancia del segundo punto, creo que la dureza y aridez de nuestro clima dejan más que claro que trabajar en soluciones que ayuden a la resilencia y sostenibilidad de los jardines es casi un deber. Por estas razones y por mis gustos particulares me alegra ver que desde el momento en el que empecé a escribir este blog hasta el día de hoy, la situación en lo que respecta a los jardines naturalistas en España ha mejorado. Ahí van tres ejemplos en los que me apoyo para asegurar esto.

Difusión internacional del trabajo de paisajistas españoles

No es habitual encontrarse en ediciones extranjeras de libros y revistas sobre jardinería (y menos en las españolas, porque apenas existen) ejemplos de jardines españoles. Cuando aparecen suelen ser jardines de Fernando Caruncho, jardines en España de autores extranjeros como Arabella Lennox Boyd  o jardines que recuerden a la Alhambra de Granada cuando no son la propia Alhambra de Granada. Pero en el último año revistas como Garden Illustrated en Gran Bretaña o Garden Design en Estados Unidos, han publicado reportajes sobre algunos jardines de Miguel Urquijo, Renate Kastner y Fernando Martos. Las publicaciones de estos jardines nos alejan de los tópicos sobre la jardinería en nuestro país y demuestran que el buen hacer  de un paisajista puede lograr que el clima español sea compatible con las nuevas corrientes de jardinería sin renunciar a un sello personal y cultural. La excelente fotógrafa Claire Takacs me ha permitido emplear alguna de sus fotos como muestra de las maravillas con sello español que se están publicando en revistas extranjeras.

Jardin en Salamanca de Miguel Urquijo y Renate Kastner. Foto de Claire Takacs

Jardin en Rascafría, Madrid, de Miguel Urquijo y Renate Kastner. Foto de Claire Takacs

Jardin en Consuegra, Toledo, de Miguel Urquijo y Renate Kastner. Foto de Claire Takacs

Jardín en el Casar, Guadalajara, de Fernando Martos. Foto de Claire Takacs

Jardín en el Casar, Guadalajara, de Fernando Martos. Foto de Claire Takacs


Nuevos jardines de corte naturalista

El grupo de paisajistas españoles trabajando en la creación de jardines muy interesantes no es nada despreciable y en los próximos años vamos a poder disfrutar poco a poco del trabajo que están desarrollando. Hace poco más de un mes tuve la oportunidad de visitar un nuevo jardín de Miguel Urquijo en Ávila y de la visita salí (y ya sé que Miguel me va a llamar de nuevo exagerado) atónito. De la ilusión y pasión por el buen hacer compartidos por el diseñador y el propietario, ha nacido un jardín que en su arriesgada concepción, dimensiones, empleo de materiales locales, selección de especies vegetales y adaptación a un paisaje y arquitecturas seculares, aporta un nuevo salto de calidad a nuestro panorama paisajista. Es necesario esperar un par de años más a que el jardín alcance su madurez, pero lo veremos.
Pero como ejemplo de los jardines tan interesantes que se están haciendo he elegido uno del que sus autores ya han publicado fotografías y que se encuentra en mi lista particular de maravillas. Se trata de una cubierta vegetal en Madrid diseñada por Enriqueta León y Olmo Rengifo. Las fotos tomadas de la web del estudio (estudio Planta Paisajista) muestran el jardín en su segundo año. No hay mejor muestra que estas fotos de que los diseños naturalistas basados en vivaces entregan resultados con una rapidez y espectacularidad sorprendentes. Me resulta muy esperanzador que en España haya clientes que busquen soluciones como esta para la cubierta de su vivienda. Y más esperanzador aún que haya paisajistas capaces de ejecutarlo con semejante maestría. 
Cubierta vegetal en Madrid del estudio Planta Paisajista

Cubierta vegetal en Madrid del estudio Planta Paisajista

Cubierta vegetal en Madrid del estudio Planta Paisajista

Cubierta vegetal en Madrid del estudio Planta Paisajista

Cubierta vegetal en Madrid del estudio Planta Paisajista


Experimentación con nuevas aproximaciones a la jardinería en nuestro clima

Desde hace años, los autores Nigel Dunnet y James Hitchmough están trabajando en una aproximación al diseño de jardines basada en la siembra de mezclas de semillas. Sus trabajos particulares y sus colaboraciones con diseñadores como Tom Stuart-Smith y Sarah Price han dado resultados que muestran ya sin ninguna duda la validez de su propuesta. En España también hay paisajistas que están trabajando en esta línea en la que es clave la creación de mezclas de especies adecuadas a la aridez y raquitismo de nuestros suelos. De entre estos estudios me quedo con los de Miguel García Ovejero y sus ensayos en el parque Felipe VI y en el Real Jardín Botánico, los dos en Madrid. Sus praderas ya han demostrado que las mezclas de anuales en nuestro clima ofrecen resultados que despiertan el interés de los madrileños. Durante este año sus estudios avanzan en la línea de mezclas de vivaces y sus campos de prueba en el Jardín Botánico, en un entorno mucho más controlado y menos agresivo que las antiguas escombreras plagadas de conejos del Felipe VI, pueden entregar resultados muy interesantes.  
Plantación de Anuales en el Botánico de Madrid

Plantación de Anuales en el Botánico de Madrid

Plantación de Anuales en el Botánico de Madrid

Plantación de Anuales en el Botánico de Madrid


Al rebufo de todos ellos esperemos seguir practicando la jardinería y escribiendo.

martes, 18 de julio de 2017

15/07/2017


Me he dado cuenta de que mis ramos son como mis jardines: caóticos, desorganizados y carentes de toda estructura. Pero tienen una enorme virtud: a mí me encantan. Y como el diseñador, jardinero jefe, aprendiz de jardinero, jardinero a secas y principal cliente de mis jardines se llevan todos bastante bien (alguna ventaja tenía que tener ser Juan Palomo), pues todos tan contentos. Por ponerles alguna pega he de reconocer que el otro cliente principal, mi mujer, no sé si lo tiene tan claro. Empiezo a pensar que, cuando me repite insistentemente que nuestros jardines necesitan más orden y estructura, es que igual está pensando que necesitan más orden y estructura. Habrá que darle una vuelta al asunto. Yo por si acaso este ramo lo he ido colocando por aquí y por allá dentro del orden y estructura que ella le ha dado a la casa, y creo que no queda nada mal. Ya saben, las plantas que suavizan el hardscape. 


Si hay algo que me llena de satisfacción es leer a algún experimentando e inteligente escritor diciendo algo que yo he pensando antes. A ver, entiéndanme, no estoy diciendo que yo lo haya pensando antes que el experto e inteligente escritor, sino que lo he pensando antes de haberlo leído. Pues con este ramo me vienen dos ejemplos a la cabeza. Cuando empecé a observar los jardines naturalistas una de las primeras ideas que se me ocurrieron fue que no había nada más naturalista que dejar que las plantas se sembrasen y expandieran solas por el jardín. Ni más cómodo para mis pocas ganas de trabajar. En fin, podrían decirme como en la Cantata del Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras, cuando el emocionado Don Rodrigo clama que acertó a fundar Caracas y el narrador le responde con bastante sarcasmo que tanto acertó a fundarla que la fundó en pleno centro de Caracas, que ya estaba fundada pero él no la vio. Pues eso me pasó a mí. Será por referencias sobre la capacidad de las plantas para resembrarse y expandirse por sus propios medios en los jardines. Hasta un libro entero, Cultivating Chaos, hay sobre el tema. Pero entonces yo no lo había leído, qué quieren. Pues bien, todas las plantas que aparecen en este ramo se da la casualidad de que bien podrían ser incluidas como ejemplos en Cultivating Chaos (quizás lo estén, no lo recuerdo ahora, antes no lo había leído y ahora lo he olvidado, qué cosas), porque todas ellas se resiembran a base de bien aunque con sus peculiaridades. 

Dipsacus fullonum, A. millefolium, A. filipendulina, Verbena bonariensis, Allium sphaerocephalon, Pennisetum villosum
Les decía que eran dos la ideas de estas tan disruptivas que suelo tener las que me habían venido a la cabeza con este ramo. La segunda la recuerdo perfectamente como un momento de iluminación que tuve paseando a orillas del Riaza. De esto hará la friolera de diez años, cuando aún no habíamos arrancado el jardín y fijándome en las altísimas flores de una especie de cardo del que desconocía hasta el nombre, pensé lo interesante que sería emplear plantas tan bonitas y silvestres como esa en nuestro jardín. Al cardo en cuestión en algunos sitios lo llaman Cardencha y no tardé demasiado en descubrir que es la Dipsacus fullonum, una bianual que por supuesto ya había sido usada hace décadas con entusiasmo por jardineros como Beth Chatto o Christopher Lloyd. Su estructura floral me sigue pareciendo espectacular y aunque es muy abundante en cunetas y prados con cierta humedad en los pueblos de la zona, a mí me ha costado lo suyo conseguirla. Y cuando la he conseguido no ha nacido dónde yo la había sembrado, sino donde le ha dado la gana. Me parece bien, quién soy yo para imponerme. 

Dipsacus fullonum
Otra flor que busqué para mi jardín después de verla florecer en lugares paupérrimos, es la Achillea filipendulina. Es una planta muy interesante porque su flor de cima aplanada, como la de las umbelíferas, hace un contrapeso estupendo con las gramíneas y otras flores de porte más esférico. Además la flor dura muchas semanas y deja un esqueleto que aporta estructura hasta bien entrado el invierno. Su abundancia en cunetas y eriales me hace pensar que es una de esas plantas que deben ser capaces de expandirse por su cuenta en el jardín aunque en el mío se han comportado de una manera bien recatada. Igual están esperando a que me confíe. 

Flores amarillas de Achillea filipendulina

Flor de Achillea filipendulina
La tercera especie que aparece en el ramo es estrictamente hablando una mala hierba, porque nadie la ha plantado. Diría que es Achillea millefolium, una especie de achillea a la que no había hecho mucho caso hasta ahora porque en las zonas de mi parcela dónde crece de manera espontánea no sube más de quince centímetros del suelo. Pero cuando ha logrado llegar a las plantaciones del jardín, con la ayuda de los riegos y el suelo mejorado, su porte es mucho mayor y es una excelente planta de relleno. Estoy tratando de favorecer su expansión al tiempo que introduzco alguna de las variedades de color.

Flores de Achillea millefolium
 Los Pennisetum están entre mis gramíneas favoritas. Hay pocas plantas tan capaces de capturar la luz como las inflorescencias de estas hierbas que llegan a parecer metales incandescentes cuando reciben la luz en un ángulo adecuado. Hay muchas especies de Pennisetum interesantes, pero exceptuando unas pocas como Pennisetum alopecuroides, la mayoría tienen el inconveniente de no soportar el frío que deben cascarse a los 1.100 metros de altitud de nuestra parcela. Una de las que se encuentra en su zona límite es Pennisetum villosum y la planté sólo porque me las encontré en un vivero y tuve uno de esos momentos y por qué no. Para mi sorpresa han resistido el frío, aunque este año empiezo a pensar que se están comportando como anuales que se resiembran generosamente aunque sin salirse de su zona de plantación inicial. Sea como sea florecen mucho antes que Pennisetum alopecuroides y si un año desaparecen las echaremos de menos. 

Pennisetum villosum

Pennisetum villosum
La quinta planta presente en el ramo es la archiempleada Verbena bonariensis. Es espectacular  por la altura que alcanza y la duración de su floración que se extiende durante todo el verano, pero algunos paisajistas han dejado de usarla por lo mal que envejece. En mi jardín cada año las plantas han tenido una altura menor y el cuarto año han terminado por desaparecer. Pero a partir de sus semillas han aparecido otras muchas nuevas plantas que en su primer año vuelven a mostrar un porte espectacular. Eso sí, sólo germinar en sitios especialmente favorables con buen aporte de agua. En mi jardín lo hacen sobre todo en el huerto, supongo que llegadas allí en el compost que consigo principalmente de los desechos de las podas de los jardines de vivaces. 



La última planta es mi ajo favorito, el Allium sphaerocephalon. Es otra planta que es nativa en nuestra zona y aparece por aquí y por allá dentro de la parcela. De nuevo si le das buena tierra y algún riego su altura es mucho mayor. A veces tan mayor que puede llegar a tumbarse como me ha sucedido este año en una nueva plantación. En mi jardín comparte aunque reducida la problemática de otros allium. En lugar de naturalizarse tiende a desaparecer, supongo que como efecto de crecer en un terreno muy arcilloso. No me importa, un paquete de estos bulbos es regalado y se plantan en un momento. 

Allium sphaerocephalon

Allium sphaerocephalum, Achillea millefolium, Verbena bonariensis




martes, 13 de junio de 2017

Dan Pearson: three books and one blog for inspiration


(Si prefieres leer esta entrada en español puedes encontrarla aquí: Dan Pearson: tres libros y un blog para la inspiración)

If one day I decided to ask a professional landscaper for help, I think I would choose a Spanish one. It is not a question of patriotism, it is a practical matter: we would understand each other better. And I also know some great ones. However, if I did not rationalize the question and let my heart speak, I think I would choose Dan Pearson. I have always felt a special predilection for the work of this landscaper, although it has taken me a few years to discover why. Obviously, his gardens play a significant part in this preference, and for instance I think his Old Rectory is one of this century’s most amazing gardens. The balance between architecture and horticulture of its designs and the simplicity and elegance of its plantations allow him to reach a perfect connection between romantic tradition and ecological modernity. His designs are capable of creating very special spaces. But before you tell me I am exaggerating, the truth is that there are other gardeners with jobs that I like as much as his. I have thought a lot about it and I have concluded that my weakness for this landscaper comes more from his writings than from the gardens he creates. His books and his blog talk about his landscaping experience in a language that I relate to very easily. Often, while reading his texts, I identify so closely with the writing that I’m transported to personal experiences leaving behind the subject matter. In his texts Pearson does not deal with the philosophy of the garden from complex thoughts, but from a plain language in which he talks about his more prosaic experiences. Through his success, his failures and his motivations, he reaches the core of the subject like few.  For Pearson the art of gardening does not obey arcane and unfathomable mysteries, but rather it is the sum of knowledge and skills that allow you to understand the needs of plants and anticipate or react to them. And this simple philosophy is the one that his texts emanate. The quality of the writings of Dan Pearson is not in the complexity of what he writes, but in the feeling with which he writes.
Through his books and articles it is easy to take a complete tour of his gardening experience. Beyond the plants for which he feels weak (he writes about countless flowers, trees and shrubs) or interesting anecdotes about the creation of jewels like Home Farm, Torrecchia or Milleniun Forest, his books are a journey through his gardening life experience. The influence of Geraldine, a neighbour who opened the doors of her naturalist garden to him when he was 7, appears again and again. Just as the treasures discovered in a garden which after decades of abandonment had devoured the house and the old woman who had planted it when her parents bought it. Childhood and youth experiences play an important role in his texts, which stands to reason because no one can write from the heart about their sources of inspiration without making a reference to those stages of his life. Besides, he does not write about his childhood through nostalgia, but from the conviction of practising a type of gardening based on a deep love of nature which has grown from the little things that marveled him as a child. And therefore, in each of his designs, he strives to capture some of the magic of his childhood gardens, and seeks that those who visit them are affected by their atmosphere with the same purity that a child would feel who does not question its reactions.
Dan Pearson has published five books to date plus countless articles, but three of them condense his experience through his most personal gardens. In the first one, The Garden: The Year at Home Farm, he tells us the experience of his first large project, a garden on an abandoned farm commissioned by a friend of the family when he was only 23 years old. This is a magical and naturalistic garden that already shows the author's ability to create spaces capable of generating a nostalgic evocation of nature. By then, Pearson had already made some gardens (in fact this was the third one he created together with Frances, its owner) but this was the first space that gave him the opportunity to create a garden working with nature and respecting the spirit of the place. This is not to say that the intervention was not profound, he himself acknowledges that they were as brutal to nature as she can be to you, but the choice of plants and their disposition was made seeking to appear they had arrived and colonized the place freely. Throughout the book it can be understood that the paradox of naturalistic gardens is the complexity of such a process; the enormous doses of control that must be applied to emulate something that could be described as the soft informality of nature. The English make a distinction between wilderness and wildness. It is difficult to give the exact definition of each word, but wilderness would be nature in the wild, the tangible, the one that is there, while wildness would be the quality of wild, something more related to the perception that the human being can have about the indomitable nature of a landscape. A good mass of nettles can be wilderness and be less wildness than a plantation of carefully cultivated exotic perennials. As Pearson says, naturalistic gardening involves jumping from wilderness to wildness, which he has indeed so masterfully achieved in this case.



The second book, Home Ground: Sanctuary in the City, details his experience in the first garden where he was the client himself. Pearson felt that both designing and talking about gardens had alienated him from the true practice of gardening. Although he tried to vent his frustration in a small garden on the roof of his London flat and periodically continued working at Home Farm, he felt the need to dirty his hands with a land that he felt was his own. This was the motivation for moving into a house with a piece of elongated land in Peckham. Over 15 years, he showed that no garden is more special than one done for yourself. The knowledge that a gardener gains from a plot where you see dawn and dusk every day, where he enjoys and suffers the passage of the seasons, will always exceed the knowledge of the spaces that his clients offer him. If we add the degree of freedom and spontaneity you get from not having a client, it is easy to understand why landscapers’ private gardens are usually so special.




It seems that this little oasis, surrounded by the London maelstrom, could not contain all the wishes of a gardener like Dan Pearson. Change was inevitable, he needed a space that would allow him to be closer to the earth and its rhythms. Thus, five years ago, he moved to an 8-hectare estate in Somerset. In his last book, Natural Selection: A Year in the Garden, we can follow the first steps of this evolution from a claustral refuge against the London hustle and bustle to a landscape where one’s sight is lost in distant hills. This book, published a few weeks ago, is a selection of articles taken from his work in the Observer and we can travel through it both in time and space.  On the one hand we have the space journey in which we constantly jump from his London garden in Peckham to his new garden in Somerset making stops in Japan, Italy, London public gardens, the Chelsea Flower Show and other spaces where the author has had gardening experiences during his decade’s work as a columnist. And on the other hand, we have the temporary journey because the book, like the two previous, is structured temporally. Its chapters are ordered based on the passage of seasons and months, in a clear attempt to structure its message from a foundational fact in all gardening: the need to pay attention to the here and now. What better way to organize our thoughts, experiences and garden activities than through the passage of the seasons? In Pearson's words "every week is different from the next, but there is also reassurance in the repetition, the inevitability of Spring blossom, and the flare of the berries at the other end of the growing season. A single year’s experience is like the growth that accompanies it.  It builds and layers and enriches". And in the same way these books build, extend layers and enrich. I have enjoyed few gardening books as much as these three. And the good news is that the book ends with a "Dan Pearson is now writing at www.digdelve.com". And he is indeed. Pearson has decided to stop being a columnist in The Observer, but since last year we have been able to enjoy his articles in this excellent blog, where of course he continues to obey the passing of the seasons and speaks to us from the slow freedom of creation in his own garden. The blog will last. He invested 14 years at Home Farm, 15 at Peckham and in Somerset he has already invested 5, and it is obvious that he has a lot of work ahead of him. But the road is the best part of the trip. The best gardener is the one who has had time to find the materials, structures and especially plants, suitable to the place. Time to improve the terrain and know its limitations. Time to become intimate with the genius of the place and mature your decisions. Time to make a mistake and start again. All this time we can accompany him through his blog which is a joy that invites us to continue writing and staining our hands


jueves, 1 de junio de 2017

Dan Pearson: tres libros y un blog para la inspiración


(If you prefer to read this post in English you can find it here: Dan Pearson: Three books and one blog for inspiration)

Si algún día decidiera dejar de dar palos de ciego y acudiese a un paisajista profesional creo que elegiría uno español. No es una cuestión nacionalista, es un tema práctico: nos íbamos a entender mejor. Además conozco algunos buenísimos. Pero si no racionalizase la cuestión, dejase de lado cosillas sin importancia como el dominio del inglés que no tengo y me dejase llevar por el corazón, creo que elegiría a Dan Pearson. Siempre he sentido una debilidad especial por el trabajo de este paisajista aunque me ha llevado unos cuantos años descubrir por qué. Obviamente sus jardines tienen un peso importante en esta preferencia y por opinar opino que su Old Rectory está en la cumbre de lo que se ha hecho durante este siglo. El equilibrio entre arquitectura y horticultura de sus diseños y la simplicidad y elegancia de sus plantaciones le permiten alcanzar una perfecta conexión entre la tradición romántica y la modernidad ecológica capaz de crear espacios muy especiales. Pero antes de que me llamen exagerado, la verdad es que hay otros jardineros con trabajos que me gustan tanto como los suyos. ¿Entonces?. Pues después de mucho pensarlo he concluido que mi debilidad por este paisajista procede más de los jardines que escribe que de los jardines que crea. Sus libros y su blog cuentan su experiencia paisajista en un lenguaje que siento muy cercano. Leyendo sus textos me pasa a menudo que siento tan identificado con lo escrito que mi cabeza se escapa hacia experiencias personales dejando en un segundo plano lo leído. Se nota que mi cerebro cada vez es menos multitarea. En sus textos Pearson no aborda la filosofía del jardín embarrándose en complejos pensamientos, sino que desde un lenguaje llano en el que nos habla de sus experiencias más prosaicas, de sus éxitos, sus fracasos, sus recuerdos y sus motivaciones, llega al fondo del asunto como pocos. Para Pearson el arte de la jardinería no obedece a misterios arcanos e insondables, sino que más bien se resume en una serie de conocimientos y habilidades que te permiten entender las necesidades de las plantas y anticiparte o reaccionar ante ellas. Y esta sencilla filosofía es la que se desprende de sus textos. La calidad de los escritos de Dan Pearson no está en la complejidad de lo que escribe, sino en el sentimiento con el que lo hace.
A través de sus libros y artículos es fácil realizar un recorrido completo por su experiencia jardinera. Más allá de las plantas por la que siente debilidad (escribe sobre infinidad de flores, árboles y arbustos) o de anécdotas interesantes alrededor de la creación de joyas como Home Farm, Torrecchia o Milleniun Forest, sus libros son un periplo por su experiencia vital alrededor de la jardinería. La influencia de Geraldine, una vecina que le abrió las puertas de su jardín naturalista a los 7 años aparece de manera recurrente. Como también lo hacen los tesoros descubiertos en aquel jardín comprado por sus padres que después de décadas de abandono había llegado a engullir la casa y a la anciana que lo plantó. La infancia y las experiencias de juventud tienen un peso importante en sus textos lo cual es lógico porque nadie puede escribir de corazón sobre sus fuentes de inspiración dejando de lado esas etapas de su vida. Además no lo hace desde la añoranza, sino desde el convencimiento de practicar una jardinería basada en un amor profundo a la naturaleza amamantado en las pequeñas cosas que le maravillaron siendo niño. Y así reconoce que en el diseño de cada uno de sus jardines busca capturar algo de la magia de aquel jardín infantil que permita que los que paseen por ellos se vean afectados por su atmósfera con la pureza que lo haría un niño al que no se le ocurriese preguntarse nada sobre sus reacciones. 
Dan Pearson ha publicado cinco libros hasta la fecha además de infinidad de artículos, pero tres de ellos condensan su experiencia a través de sus jardines más personales. En el primero, The Garden: The Year at Home Farm, nos cuenta la experiencia de su primer proyecto de envergadura, un jardín en una granja abandonada encargado por una amiga de la familia cuando tan sólo tenía 23 años. Un jardín mágico y naturalista que ya muestra la capacidad del autor para crear espacios capaces de generar una evocación nostálgica de la naturaleza. Por entonces Pearson ya había realizado algunos jardines (de hecho éste fue el tercero que creo junto con Frances, su propietaria) pero en este espacio encontró la primera oportunidad de crear un jardín poniéndose del lado de la naturaleza y respetando al máximo el espíritu del lugar. Eso no quiere decir que la intervención no fuese profunda, él mismo reconoce que fueron tan brutales con la naturaleza como ella lo puede ser contigo, pero las plantas y sus disposición perseguían aparentar la idea de que habían llegado y colonizado el lugar libremente. A lo largo del libro se puede entender que la paradoja de los jardines naturalistas es la complejidad de semejante proceso, las enormes dosis de control que hay que aplicar para emular algo que podríamos calificar como la suave informalidad de la naturaleza. Los ingleses distinguen entre wilderness y wildness. Es difícil dar la con la definición exacta de cada palabra, pero wilderness sería la naturaleza en estado salvaje, la tangible, la que está ahí, mientras que wildness sería la cualidad de salvaje, algo más relacionado con la percepción que el ser humano puede tener sobre lo indómito de un paisaje. Un buen macizo de ortigas puede ser completamente wilderness y ser menos wildness que una plantación de vivaces exóticas cultivadas. con esmero. Como dice Pearson jardinería naturalista implica saltar del wilderness al wildness, y él en este jardín lo hizo de manera magistral. 


El segundo, Home Ground: Sanctuary in the City, nos detalla la experiencia en el primer jardín en el que el cliente era él mismo. Pearson sentía que tanto diseñar y hablar de jardines le había alejado de la verdadera práctica de la jardinería. Aunque trataba de desahogarse en un pequeño huerto en el techo de su piso londinense y periódicamente seguía trabajando en Home Farm, sentía la necesidad de manchar sus manos de una tierra que sintiese como suya. Esta fue la motivación para mudarse a una casa con un pedazo de terreno alargado en el barrio de Peckham. A lo largo de 15 años demostró que no hay jardín más especial que el que uno hace para sí mismo. El conocimiento que un jardinero puede tener de un terreno en el que amanece y anochece cada día, en el que disfruta el paso de las estaciones, siempre superará el conocimiento de los espacios que le presten sus clientes. Si a esto unimos el grado de libertad y espontaneidad que te entrega no tener un cliente es fácil concluir por qué los jardines privados de los paisajistas suelen ser tan particulares. 


Parece que este pequeño oasis cercado por la vorágine londinense no podía contener todas las expectativas de un jardinero como Dan Pearson. El cambio era inevitable,  necesitaba un espacio que le permitiera encontrarse más cercano a la tierra y sus ritmos. Así, hace cinco años se mudó a una finca de 8 hectáreas en Somerset. Los primeros pasos de esta evolución de un refugio claustral contra el bullicio londinense a un paisaje donde la vista se pierde en colinas distantes los podemos seguir a lo largo de su último libro, Natural Selection: A Year in the Garden. Este libro publicado hace pocas semanas es una selección de sus diez años como columnista en The Observer y a través de puedes hacer un viaje múltiple. Por un lado el viaje espacial en el que saltamos constantemente desde su jardín londinense en Peckham hasta su nuevo jardín en Somerset haciendo paradas en Japón, Italia, jardines públicos de Londres, el Chelsea Flower Show y otro largo número de espacios donde el autor vivió experiencias jardineras a lo largo de su vida. Y por otro tenemos el viaje temporal, aquel marcado por la estructura de libro, similar a la de los dos anteriores. Sus capítulos se ordenan en base al paso de las estaciones y los meses, en un intento claro de estructurar su mensaje a partir de un hecho fundacional en toda jardinería: la necesidad de prestar atención al aquí y al ahora.  Qué mejor manera de organizar nuestros pensamientos, experiencias y actividades jardineras que a través del paso de las estaciones. En palabras de Pearson "cada semana es distinta de la anterior pero también hay cierto consuelo en la repetición, la inevitabilidad de la floración primaveral y el resplandor de las bayas en el otro extremo de la temporada. Un simple año de experiencia es como el crecimiento que lo acompaña. Construye, extiende capas y enriquece". Y de la misma manera estos libros construyen, extienden capas y enriquecen. Pocos libros de jardinería he disfrutado tanto como estos tres y muy especialmente el tercero. 



Pearson ya no escribe en The Observer, pero la buena noticia es que su último libro acaba con un "Dan Pearson está ahora escribiendo en www.digdelve.com". Así es. Desde hace más de un año podemos disfrutar de sus artículos en este excelente blog, dónde por supuesto sigue obedeciendo al paso de las estaciones y nos habla desde la pausada libertad de creación en su propio jardín. El blog puede durar. En Home Farm invirtió 14 años, en Peckham 15, en Somerset ya lleva 5  y es obvio que le queda por delante un amplio camino. Pero es que el camino es lo mejor del viaje. El mejor jardinero es el que ha dispuesto de tiempo para encontrar los materiales, estructuras  y sobre todo las plantas adecuadas al lugar. Tiempo para mejorar el terreno y conocer sus limitaciones. Tiempo para hacerse íntimo del genio del lugar y madurar sus decisiones. Tiempo para  equivocarse y volver a empezar. Esperemos que todo ese tiempo le podamos acompañar a través de su blog que es una gozada que invita a seguir escribiendo y manchándose las manos de tierra

sábado, 20 de mayo de 2017

15/05/2017



Esta entrada, y otras que espero que le sigan, es una entrada de copión. Aunque vaya por delante que copio un concepto y nunca contenido, ya habrá otros que lo hagan al revés. La idea es de Dan Pearson, que en su excelente blog Dig Delve publica cada pocas semanas una entrada que se ajusta a un formato muy concreto: acompañando fotos de un ramo de flores en un jarrón nos cuenta su experiencia presente y pasada con las especies incluidas en la composición. En sus libros Pearson hace múltiples referencias a su vecina Geraldine que fue para él una gran influencia en su infancia. Geraldine era una mujer mayor que practicaba la jardinería de una manera tan natural, personal y desinhibida como para sembrar la semilla de la forma de trabajar de uno de los diseñadores de jardines más aclamados de nuestros tiempos. Entre las muchas cosas que hacía Geraldine una era tener todos y cada uno de los días del año un ramillete de flores adornando la mesa de su cocina. Colocadas al buen tuntún en un jarrón o en cualquier utensilio de cocina que tuviera a mano, las flores de este ramillete mapeaban el paso de las estaciones del año. Para Pearson este ramillete era el jardín de Geraldine "destilado en un tarro de mermelada". Desde entonces él siempre ha intentado tener un ramo de flores de su propio jardín adornando la casa. Las reglas del juego son simples. No se trata de hacer elaboradas composiciones, lo importante es el acto de combinar especies que estén aportando valor en tu jardín para poder observarlas de cerca. No todo tiene que ser flores, en invierno los frutos y los esqueletos de las plantas tomarán la palabra. En este acto de combinación y observación consigues dos cosas: traer parte de la esencia de tu jardín, ese jardín destilado que comentaba Pearson, al interior de la casa, y estudiar combinaciones de plantas que en el jardín pueden estar alejadas y a través de este simple ejercicio mostrarse como buenas compañeras.
Hasta el momento, pese a lo que le gusta a mi mujer adornar la casa con flores, no lo habíamos hecho salvo raras excepciones por una razón muy simple. No teníamos tantas flores en nuestro jardín como para que no diera un dolor importante cortarlas. Ahora el tamaño y variedad de nuestras plantaciones y la cantidad de silvestres que han venido a reemplazar en algunas zonas el sotobosque de jara y robles, nos permiten jugar alegremente con la idea. El fin de semana pasado nuestro primer ramo de flores ha alegrado la mesa de nuestra cocina. Y me ha parecido interesante imitar las entradas de Dan Pearson. Si a mí me interesa lo que crece en un momento determinado del año en las laderas de una antigua granja en Somerset, ¿por qué no va a haber alguien interesado en lo que crece en las laderas de un monte de Segovia?
Leucanthemum vulgare, Salvia verbenaca, Borago officinalis, Plantago lanceolta y Centranthus ruber decoran
esta composición
Este ramillete es una representación de uno de mis principales objetivos en el jardín: permitir y favorecer la expansión de las plantas por sus propios medios. Todas las plantas de este ramo han demostrado su capacidad para prosperar en nuestro jardín con poca ayuda. Las flores violetas, que yo he identificado como Salvia verbenaca sin estar seguro de ello, fueron una de las primeras sorpresas de nuestro jardín. Yo no he sembrado nunca esta especie ni ninguna que se le parezca pero hace años aparecieron en una pradera de hierbas y flores silvestres con la que tratábamos de recuperar una zona destrozada por la maquinaría de construcción. Dado que tampoco crecen por la zona supongo que llegaron en alguno de los camiones de tierra y mantillo que han entrado en la parcela. Desde entonces se resiembran y crecen con entusiasmo en cualquier espacio donde haya algo más de humedad. La variedad de menta, posiblemente Mentha longifolia con hojas más cenicientas y lisas que la famosa hierbabuena (Mentha spicata) es el mejor ejemplo del riesgo de este modelo. Esta planta me ha demostrado su capacidad de prosperar a través de semilla y rizomas. Como la anterior salvia apareció de la nada y pensé que la sequía la mantendría a raya, pero parece que no. Este año amenaza un macizo de Salvia x superba y he tenido que meter mano. La edición del jardín que dicen los profesionales. 
Las espigas violetas son una variedad de salvia que creo identificar como Salvia verbenaca
Las hojas verdes de la derecha son Mentha longifolia
Otra planta que se autoinvitó a mi jardín es la borraja (Borago officinalis) que además ha tenido la delicadeza de venir en su variedad blanca. Esta planta en dos años ha demostrado su capacidad de resiembra y de crear una matriz muy interesante en el arranque de la primavera. 
Borago officinalis y Plantago lanceolata
No todas las plantas han venido de no se sabe dónde, las hay que ya estaban ahí, como el Gamón (Asphodelus ramosus), la inflorescencia ramificada del centro del ramo siempre presente en nuestros pastizales secos y pedregosos. A veces demasiado presente. En nuestra zona hay dehesas de roble en las que pastan las vacas y que aparecen totalmente dominadas por esta especie. En nuestra parcela avanza también de manera alarmante y me temo que un par de años tendré que meter mano en el asunto, pero de momento la disfruto como una de las pocas vivaces realmente nativas en el jardín. 
Asphodelus ramosus
Soy de los que opinan que en la jardinería muchos buscamos la creación de un espacio íntimo y personal y que la infancia tiene mucho que decir en esa búsqueda. Si la infancia de Machado son recuerdos de un patio de Sevilla la mía son recuerdos de campos de Castilla. Campos de amapolas y margaritas con olor a hierba seca. Será por eso por lo que las mezclas de semillas con las que estoy experimentando siempre contienen amapolas y margaritas. Las amapolas son un coñazo para el jardinero carente de tiempo porque son anuales que exigen terrenos removidos, pero para las margaritas hay mucho más dónde elegir y hay especies que se comportan como vivaces. La pradera de silvestres sembrada el año pasado mostró la capacidad de las anuales en su primer año y en este segundo empieza a demostrar la importancia de las vivaces. Este año la entrada de la parcela la adorna una caótica pero densa pradera de margaritas (Leucanthemum vulgare) salpicada de llantén (Plantago lanceolata), una de esas plantas un tanto anodinas de manera individual pero muy valiosas para crear estructura y cobertura en una pradera.
Leucanthemum vulgare dando color y Plantago lanceolata estructura
La valeriana roja o milamores (Centranthus ruber) siempre ha sido una de mis plantas favoritas, sentimiento que debe ser compartido porque es una planta muy habitual en jardines de clima seco. Cuando la he visto naturalizada fuera de jardines siempre me ha sorprendido su capacidad de resiembra en lugares impensables. En Cortona, Toscana, me embobaba observando sus tupidas y florecidas matas arraigadas en las grietas de sus milenarios muros de piedra. En mi jardín tengo un pequeño macizo que floreció por primera vez el año pasado y durante este año ya ha demostrado su capacidad de resiembra en mi terreno arcilloso apareciendo salpicada por aquí y por allí. Esta es una de esas plantas que hacen que la cosa luzca. 
Centranthus ruber Coccineus, una variedad algo más compacta

sábado, 25 de marzo de 2017

La aventura de comprar vivaces

Hay una palabra en castellano que me gusta hasta como suena: tempero. Según la Rae tempero es la sazón y buena disposición en la que se halla la tierra para las sementeras y labores. Con nuestra meteorología y una tierra arcillosa y pedregosa no hay tempero que valga la mayor parte del año. Pero es justo ahora, en los pocos meses que van desde finales del invierno hasta mediada la primavera, con la subida de las temperaturas y el aumento de las lluvias, cuando  más posibilidades tenemos de encontrar el suelo con un buen tempero. Así que toca correr con las plantaciones. Y eso me lleva a poner a pleno rendimiento mi capacidad de visitas a viveros, las físicas y las virtuales. Porque cuando te metes en los berenjenales que yo me he metido tirar de internet es casi imprescindible. Para que un espacio tenga esta transformación en un plazo de siete meses, hay que buscar mucha planta: 




En los viveros que tengo a mano la oferta de vivaces es escasa y caótica. No es difícil de entender después de hablar un rato con sus dueños. En un lugar de Castilla de cuyo nombre no quiero acordarme, existe un vivero en el que para mi sorpresa me encontré el año pasado unas cuantas variedades de gramíneas (stipas, pennisetum, calamagrostis, etc) a muy buen precio. Me llevé unas pocas pero cuando meses después volví a por más me encontré al dueño convenciendo a un chaval de que sus Stipas tenuissima eran Stipas gigantea. Comprendí que no tenía ni idea (ni yo ni el viverista) de lo que había plantado meses atrás y decidí que de perdidos al río, que me iba a llevar más. Siempre me han gustado los sobres sorpresa, así que me hice mi propio paquete sorpresa de gramíneas. Como soy inasequible al desaliento, cuando estaba pagando le pregunté al propietario si tenía un catálogo con las gramíneas disponibles y les prometo que su respuesta fue la siguiente:

-Sí... algo debo tener, pero no aquí... si es que esto casi no se vende. De todas formas, tú ya te has llevado mierdas de estas para Soria, ¿no?

Tomé aire, conté hasta diez y con la mejor de mis sonrisas le respondí que a Segovia, que me había llevado mierdas de esas a Segovia. Estas cosas hay que encajarlas con deportividad. En el fondo tampoco me extrañó tanto. Ese mismo invierno en otro vivero me encontré un montón de macetas con la etiqueta de siempreviva y los esqueletos de algo que parecían Sedum. La responsable de la oficina y yo tuvimos la siguiente conversación: 

-Perdona, ¿esas macetas de siemprevivas que tenéis allí son Sedum?
-Creo que sí. 
-¿Sabrías decirme qué especie? 
(encogimiento de hombros)
-¿Sabes al menos si son vivaces?
(nuevo encogimiento de hombros, pero no me desanimo y trato de ponérselo más fácil)
-¿Brotarán en primavera?
-Puede que sí y puede que no. 

Eso es filosofía de buen jardinero y lo demás son gaitas. Es que también yo, menudas preguntas hago. En primer lugar hay que ser friki para querer saber la especie que compras. Y segundo, exigirle poderes de adivinación a la pobre viverista ya es demasiado. Razón tenía para mirarme con esa cara de asco la pobre. En fin, que no las compré pero en primavera allí volví y había habido suerte. Los sedum habían brotado y por el tono de las hojas y las flores apostaría que son Sedum Matrona. Cómo había llegado allí una vivaz tan famosa sin que los encargados del vivero se entereran sólo dios lo sabe. Otra cosa que se ha puesto de moda en los viveros que me rodean es tener plantas de un conocido vivero productor mayorista. Son fáciles de reconocer porque las plantas tienen buen tamaño y se presentan primorosamente en una maceta cuadrada, grande y de colores llamativos. Hasta traen una estupenda etiqueta en la que aparece una preciosa foto y el exagerado detalle de "Planta Vivaz". Ahí queda eso. Calentito quedaste. Para poner mayor misterio al asunto la foto tampoco suele ayudar demasiado. Por algún motivo que se me escapa les encanta poner la foto de una Perovskia. Tampoco intenten pedir más detalle en el vivero que las vende. Yo lo he intentado, de hecho he llegado a ponerme especialmente pesado movilizando a media plantilla pero sin éxito. Toda la información que tienen es la que aparece en la etiqueta. Son plantas vivaces y punto.

Viendo catálogos este invierno pienso que esto que compré como "planta vivaz" puede ser un Agastache Kudos Mandarin
Tampoco crean que soy tan negativo con estos viveros, en realidad de mi experiencia con ellos opino que son bastante profesionales y tienen muy buena planta, pero de la que venden siempre. Mucho arbusto, mucho rosal, mucha planta de temporada, pero de vivaces poco. Si lo que tienen es lo que la gente compra o si la gente compra lo que tienen no lo sé, pero la cruda realidad es que esto les pilla fuera de honda y muchas veces cuando encuentro algo interesante son retales de algún pedido grande que han suministrado para una obra. Así que cuando el año pasado, harto de mis semilleros quise tomar el camino fácil y comprar unas cuantas plantas, me lancé a internet. Uno a veces piensa que en el extranjero atan a los perros con longanizas, así que primero dirigí la vista hacia un vivero belga con un catálogo impresionante. Casi tan impresionante como su tabla de costes de envío. En su página web aparecía una tabla con los costes de transporte en función del país destino. Los costes presentaban un gradiente exagerado y creciente que seguía más o menos el siguiente orden: Bélgica, países fronterizos con Bélgica, islas, resto de países de la Unión Europea, algún país fuera de la Unión Europea y España. Hombre, no sé, que cueste más enviar una hierba desde Bélgica a España que de Bélgica a Ucrania se me hace raro. Yo he comprado plantas en viveros alemanes y el precio del transporte ha sido una décima parte de lo que esta gente pedía, así que me pueden llamar mal pensado pero percibí cierta animosidad hacia lo ibérico. Vale que el Duque de Alba la lío parda por aquellos lares, pero coño, de eso ya han pasado cinco siglos, yo creo que es hora de olvidar. En fin, he de reconocer que recientemente he visto que han modificado la tabla de costes y este año están más relacionados con la distancia y son más asequibles, pero me sigo pensando si les perdono. Así que descartada Bélgica y ya de paso Francia, donde a poco que mires se nota que sólo compran plantas los millonarios, decidí redirigir la vista hacia Holanda. Es la tierra de Piet Oudolf, deben ser buena gente. Y hice un pedido de vivaces a un vivero con una oferta de plantas espectacular al que ya había comprado árboles en alguna ocasión. Qué puedo decirles de este pedido... veamos, en primer lugar que me mandaron la planta del tamaño que les dio la gana, pero bah, esto pase. En segundo lugar, que había planta que pagué a precio de maceta de un litro y venían en maceta de un litro, bien, pero claramente eran plantas en alveolo forestal que habían metido en la maceta diez minutos antes de empaquetar el envío. Esto ya me empezó a molestar más. Mi irritación siguió creciendo en cuanto me di cuenta de que había plantas muertas. No dormidas, no, muertas. Pero hombre Miguel, cómo sabes si una vivaz está muerta o dormida en invierno. Pues se sabe, claro que se sabe, sobre todo con las que son perennes de verdad como las Euphorbias characias. Compré tres y tuvieron la gentileza de enviarme una verde y exuberante y dos palos secos, para que pudiera comparar. Ahora ya sé que los palos secos de Euphorbia no brotan en primavera. Las Stipa calamagrostis tampoco se animaron a revivir, y eso que las tuve en una especie de UCI de plantas. Me faltó hacerles el boca a boca y cantarles por las mañanas. Pero en fin, todo eso se lo perdono, quizás ni haya mala fe, pero el cuarto error del pedido, ese error, ese fallo, esa cagada fue una puñalada cruel que no les puedo perdonar. Verán, en la raíz primera de ese pedido estaba conseguir plantas de Sorghastrum nutans que por algún motivo soy incapaz de conseguir desde semilla. Germinan  rápido, se estancan y unos meses después se me secan. Así que el núcleo del pedido eran 12 plantas de la hierba de los indios. Y unas hierbas con su etiqueta de Sorghastrum nutans llegaron, y para mi jolgorio esas sí que venían verdes y sanotas. A lo largo del verano empecé a pensar que me habían tocado unas Sorghastrum nutans algo retaco, pero en fin, no pierde uno nunca la esperanza. Hasta que las dichosas plantas decidieron florecer y se demostraron Eragrostis spectabilis. Por amor de dios, que extraño tipo de crueldad rige las acciones de estos holandeses. Podían haberme metido cualquier otra hierba, Panicum, Calamagrostis, Muhlenbergias... qué se sé yo. Pero no, me fueron a meter la única hierba que creo que no me gusta. Así que tanto darle vuelta a la proporción, el balance, el ritmo, el color, la estructura y otras gaitas para que un capullo holandés (o un becario español, tampoco hagamos nacionalismo de esto que luego vaya usted a saber) escoja las macetas equivocadas.

La mancha verde de hierbas de la izquierda debía ser un macizo columnar de Sorghastrum. 

La mancha verde de hierbas de la izquierda debía ser un macizo columnar de Sorghastrum.

Al final terminarán por gustarme las Eragrostis. Aquí son la mancha rosada de la izquierda
Seamos positivos, tampoco pasa nada. No queremos naturalismo, pues toma naturalismo. A fin de cuentas si las semillas de estas hierbas llegan a salir traídas por un pájaro yo habría estado encantando, así que por qué no voy a estarlo porque hayan llegado por la cuenta y riesgo de un zoquete holandés. Digo yo que el besugo que eligió las plantas equivocadas también tiene derecho a ser considerado animalillo de dios. Si en el fondo todo esto me pasa por idiota, porque conozco un paisajista a quien considero mi amigo (para mí un amigo es quién yo decido que lo sea y se deja) que en más de una ocasión me ha ofrecido que meta mis pedidos en alguno de los suyos. Pero no me gusta molestar, qué quieren (idiota, ya les digo). Otro paisajista me ha recomendado un vivero madrileño a quien puedes solicitarle plantas y te hacen un presupuesto para las plantas puestas en su tienda, lo que tampoco parece mala opción, la verdad. Pero la descarté por impaciente (idiota, idiota). Y luego están los viveros españoles a los que descarté por ser sus plantas algo más caras que las de estos viveros extranjeros (idiota al cubo). Si a los precios por planta sumas los precios del transporte, la diferencia se reduce al mínimo, si es que la hay. Con la ventaja añadida de que las plantas llegarán menos machacadas por ser el transporte mucho más cercano. Eso si quieres transporte, que siempre puedes acercarte tú a por las plantas y aprovechar la ocasión para hacer algo de turismo rural. Porque en España también hay valientes que emprenden negocios bien interesantes. Y si de las malas experiencias no voy a dar nombres (se dice el pecado pero no el pecador) de las buenas sí porque me apetece. Ahí van dos viveros del norte de España que me parecen la bomba cada uno en lo suyo: 

  • Viveros Sustrai: en Echarri, Navarra, muy cerquita de Pamplona Fulgen Sútil se dedica a la producción y venta de vivaces. Su catálogo es casi un milagro en este país. Más de doscientas especies y variedades de vivaces, gramíneas y arbustos. 
  • Viveros Lurberry: este vivero no va de vivaces, pero me apetece hablar de él por su singularidad. En las laderas de Zarautz, rodeado de viñedos de txacoli y con unas estupendas vistas al cantábrico Rubén Sabalza tiene su vivero de  árboles y arbustos de bayas y frutos comestibles. Su catálogo es tan variado como sabroso. Vende por internet, pero si pueden pásense por allí porque Rubén te atiende a las mil maravillas y además de salir con unas cuantas plantas seguro que vas a aprender algo.
Si quieren ver a los dos juntos, pueden aprovechar la feria de plantas del Jardín Botánico de Iturrarán, donde estarán ellos dos y otros cuarenta y tantos viveros a cuál más interesante. Un sitio dónde pasarlo bien. Si te gustan las plantas, claro, pero al que no le gusten no sé qué va a hacer leyendo esto. En fin, que el evento es a la vuelta de la esquina, el último fin de semana de Abril, así que si tienen la oportunidad no se despisten. 

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