jueves, 14 de septiembre de 2017

Muros en la Cereza y la Almendra



Dicen sus críticos (y a veces también sus defensores) que la jardinería naturalista es messy. Los diccionarios traducen messy como desordenado, caótico, poco limpio. Aunque si yo tuviese que elegir la palabra que me viene a la cabeza cuando alguien define una plantación como messy, ésta sería desgreñado. En fin, mi jardín es muy messy, así que aunque el argumento no se soporte por las reglas de las lógica (si p entonces q no significa que si tenemos q vayamos a tener p), quiero suponer que esto significa que mi jardín es muy naturalista. En cualquier caso a mi me gusta como luce y cómo va evolucionando, pero admito que no estaría de más que lo peináramos un poco. Estamos en ello. En los dos últimos años hemos avanzando poco a poco en la creación de cierta estructura que hace que el jardín sea más habitable y resulte menos caótico.
Nuestro jardín se encuentra en una parcela con fuerte pendiente, y cuando los arquitectos nos entregaron los planos del diseño original, la casa venía acompañada de bastantes metros de muros de contención para la creación de terrazas. Esas terrazas permitirían que pudiéramos disfrutar del entorno de la casa sin miedo a rodar ladera abajo. Pero el vil dinero manda y con todo el dolor de nuestro corazón el 90% de esos muros se cayeron del proyecto inicial. Dejamos los indispensables para no caer al vacío al salir de casa. El día que la estrenamos, al ver la vista desde la ventana de la cocina pensé que así debía ser la última visión del capitán de un barco a punto de ser engullido por una ola. Una empinada ladera se nos venía encima cada vez que me ponía a fregar los platos. Así que aún se estaba secando la pintura de la casa cuando ya estábamos abordando la fase 2 de los muros de contención. Estos nuevos muros nos permitieron aislar la casa de esa pendiente y tener una zona exterior anexa plantada de césped en la que hemos hecho casi tanta vida como dentro de la casa. 

Los espacios exteriores habitables de un jardín deben ser tan cuidadosamente diseñados como cualquier otra habitación de la casa. O incluso con más cuidado, porque muchas veces se les va a dar un mayor uso. No diré que no tenga buenos recuerdos de nuestro dormitorio, pero vamos a dejarlo en que allí principalmente dormimos. En el fondo no hace falta mucho diseño ni espacio para dormir. Objetivamente se necesita un sitio dónde quepa una buena cama y poco más. En cambio, un espacio en el que vas a jugar, comer, leer, descansar, tomarte tus gintonic y en general practicar casi cualquier forma de esparcimiento que se te ocurra, conviene que esté diseñado con esmero. La zona exterior conseguida con estos primeros muros de contención es lo que vemos desde las zonas más habitadas de la casa y en realidad es dónde estamos casi siempre que el tiempo lo permite. Aquí es dónde hemos disfrutado numerosas cenas y comidas con familiares y amigos. Las barbacoas que hemos celebrado aquí deben dar para llevarse por delante una buena piara de cerdos.

Una vez construidos estos muros necesitábamos solar el suelo de un pequeño espacio que funcionaría como transición entre la cocina y el césped. El que se haya enfrentado a una obra sabrá lo complicado que es tratar con el mundo de la construcción. En los años en los que más apretaba la crisis no conseguíamos encontrar un constructor que quisiera rebajar el terreno y solar unos miserables treinta metros cuadrados sin imponernos condiciones imposibles. El acceso a muchas partes de nuestra parcela sin talar árboles es imposible, y aquí un par de constructores nos insistían en la necesidad de eliminar unas decenas de robles para que una excavadora y una hormigonera pudieran acceder. No es que me guste ver a la gente trabajar a pico y pala, pero es que me gusta menos cortar nuestros robles. No había forma de llegar a un acuerdo. Hasta que dos hermanos rumanos se cruzaron en nuestro camino. 
-Queremos solar este espacio. Con hormigón impreso. A manta.
-Bien señorrr. Fácil. 
-Ya... pero... ¿qué necesitáis?
-Nada señorrr.
-Ya... pero... ¿no necesitáis ninguna máquina?
-¿Maquinas?. No señorrrr. Las máquinas solo sirven para quitar trrrrabajo a la gente. 
Ves, así sí que nos entendemos. Nunca había visto trabajar a nadie tan rápido y con tanta calidad como aquella familia de rumanos. No nos mintieron y allí no hubo ni retroexcavadoras, ni grandes pértigas para bombear el hormigón de una hormigonera. Todo el hormigón lo bajaron en carretillas. Y aquí viene la parte curiosa de la historia. Para bajar el hormigón con la carretilla seguían una trayectoria curva que de una forma natural minimizaba la pendiente. En cada viaje algo de hormigón rebosaba de la carretilla que iba dejando a su paso un claro reguero de cemento. El resultado final fue que por el mismo precio tuvimos una zona de estar solada en hormigón impreso y un camino de bajada de hormigón rebosado. El camino era bastante precario, pero ese camino definido por un armario empotrado bajando carretillas de hormigón por dónde le resultaba más cómodo, es lo que ha articulado gran parte de la zona de jardín más cercana a la casa. Alrededor de ese camino se han sucedido las plantaciones y ahora lo estamos solando en condiciones mediante losas de hormigón que vamos construyendo con un molde artesanal. Un fin de semana bueno puedo llegar a hacer dos de estas baldosas. Pero hay fines de semanas que no vamos. O fines de semanas que la lluvia o la helada no dejan hacer hormigón. Necesito unas cuarenta baldosas. Hagan cuentas. Luego hay que colocarlas, y cada baldosa pesa unos setenta kilos. En fin, uno a veces se siente un poco Sísifo.
Camino de baldosas de hormigón
Molde para la construcción de baldosas de hormigón.


Justo en el arranque de ese camino y al lado de la zona de césped hemos abordado una nueva zona dónde queremos instalar una mesa exterior en la que seguir dando cuenta de la suculenta cabaña ganadera segoviana. Para ello, por supuesto, hemos necesitado nuevos muros de contención. Estos hasta los hemos hecho nosotros, y nos han quedado, yo diría que familiares: no son perfectos pero nosotros los queremos. Lo malo es que al terminar estos muros, nos hemos dado cuenta de que de una manera bastante llamativa nuestra zona exterior incumplía algunos de los principios básicos del diseño de jardines. En la jardinería, como en casi todo, cada problema tiene diferente soluciones que dependen de las circunstancias y del resultado al que se quiera llegar. Pero sí que hay una serie de principios fundamentales para el buen diseño que conviene tener en cuenta independientemente del estilo del jardín. Hay muchos principios relacionados con el diseño y las artes en general, pero para este caso concreto me voy a quedar con aquellos que define Thomas Church en su libro Gardens are for People (de lo mejor que se haya escrito sobre la relación necesaria del jardín con la casa y sus propietarios). Estos principios son unidad, funcionalidad, simplicidad y escala. Él los define mejor de lo que podría hacerlo yo:

El éxito del diseño dependerá en gran medida de estos cuatro principios fundamentales: unidad, que es la consideración del esquema como un todo, tanto de la casa como del jardín; funcionalidad, que es la relación de las áreas de servicio práctico con las necesidades del hogar y la relación de las áreas decorativas con los deseos y el placer de los que las utilizan; simplicidad, en la que puede descansar tanto el éxito económico como estético del diseño; y escala, que nos aporta una relación agradable de las partes entre sí.

En nuestro caso después de la construcción de los últimos muros de contención había algo que chirriaba. Poco a poco se fue haciendo evidente que teníamos un problema de unidad y de escala. Unidad porque las dos zonas lisas obtenidas a una misma cota por muros construidos en cotas distintas no estaban bien comunicadas. Hacían esquina y el espacio entre ellas lo llenaba un terreno con una doble pendiente en sentido norte-sur y este-oeste. Aquello más que una zona de estar parecía un tobogán. El segundo problema era de escala. La escala es quizás el concepto más etéreo de todos y el más importante. Es clave que las dimensiones de una zona del jardín sean acordes a las dimensiones del resto. Pero también es importante que esas dimensiones encajen con las de la casa y con las necesidades del jardín .Un jardín puede estar perfectamente diseñado sobre un plano y luego en el terreno, al observar su integración con la casa y sus habitantes, parecer pequeño y abarrotado. Me temo que no hay reglas maestras para la escala, pero como nos recomienda Thomas Church, en caso de duda, lo mejor es hacerlo más grande. Si ya lo decían en mi pueblo. Ande o no ande pero que sea grande. En resumen, nuestra zona de césped en su relación con el bosque y las pendientes que la rodeaban nos generaba dudas, así que hemos optado por hacerla más grande. ¿Adivinan cómo? Sí señor. Con un nuevo muro de contención. En realidad con la extensión del ya existente hasta su cruce con la cota marcada por la pendiente este-oeste. Esto nos ha permitido ampliar considerablemente el espacio liso a nivel con el suelo de la cocina y reducir en mucho la visibilidad que tenemos de la pendiente norte-sur. 

Construcción del nuevo muro de contención

Labores de relleno del nuevo muro de contención
Y nada, ahora ya está chupado. Ya sólo tenemos que bajar a carretillas doce metros cúbicos de tierra con mantillo (sí, por el camino que en su día siguió el rumano), construir arquetas, colocar borduras, instalar un nuevo sistema de riego, ampliar y resembrar la pradera de césped, y plantar dos parterres paralelos de vivaces de casi treinta metros de largo, que si llegan a parecerse mínimamente a la idea que tenemos en la cabeza serán la joya del jardín en los años venideros. ¿Quién dijo que la jardinería es aburrida?

lunes, 4 de septiembre de 2017

Mi Periplo Inglés (y un poquito Francés)


Este verano hemos podido hacer un bonito viaje por Inglaterra y Francia. Tomamos un Ferry en Santander que nos llevó hasta Plymouth, pasamos unos días en Somerset, recorrimos Oxfordshire, nos detuvimos en Londres, cruzamos el canal de la Mancha (o el British Channel yendo desde ese lado) y regresamos a España pasando por Normandía y el Valle del Loira. Como resumen les diría que hemos aprendido que el Cantábrico se mueve infinitamente más que el Mediterráneo, que ya sabemos lo que es el Glamping, que los Costwoolds hastían de puro bonitos, que Londres da para no cansarse de visitarla nunca, que la Pérfida Albión tiene gente nada pérfida (algún pérfido habrá también), que no me extraña que la llamasen así porque desde luego llegando desde Francia se ve muy, muy blanca, que hay gente que manda a sus caballos de vacaciones a Francia y que la luz Normanda es, en efecto, muy especial. ¿Y de jardines? Bueno, ppssscheeee.... alguno hemos visto. El proceso de preparación del viaje fue o menos el siguiente:
  • Fase 1 de la preparación del viaje: preparé un listado que debía incluir doscientos jardines en los cuatro puntos cardinales de Gran Bretaña. Me pareció un poco exagerado eso de visitar los cuatro puntos cardinales de un país así de golpe y opté por hacer un pequeño filtrado.
  • Fase 2 de la preparación del viaje: me centré en el suroeste de Inglaterra y elaboré un listado de unos cincuenta jardines con la ayuda de amigos, libros y libros amigos. A mí me parecía algo muy razonable, pero por si acaso me había quedado corto decidí enseñárselo a mi mujer. Levantó una ceja y se limitó a preguntarme si recordaba que nuestras hijas viajaban con nosotros. Después de darle muchas vueltas caí en que inexplicablemente me sugería que a nuestras hijas quizás se les hiciera algo pesado un viaje con tanto jardín. Estoy abierto a críticas constructivas. Y también a lo que diga mi mujer, así que opté por filtrar algo más. 
  • Fase 3 de la preparación del viaje: reduje el listado a unos veinte jardines que incluyeran ejemplos de jardín paisajista inglés, jardines Arts&Crafts, jardines naturalistas y algo de todo el abanico de paisajistas posible. Le enseñé la lista mi mujer y dije con voz firme: y de aquí no me muevo. Mi mujer levantó la vista por encima del libro que estaba leyendo y no dijo más. Opté por subrayar lo que me parecía imprescindible dentro de esa lista. 
¿Al final qué hemos visto? Pues la mitad de lo que me hubiera gustado y el doble de lo que una persona normal considera razonable. Si consideramos que mi mujer y mis hijas son personas normales, claro. Como la cabra tira al monte la mayor parte de jardines de subrayé como imprescindibles de la muerte eran jardines naturalistas. No me quejo, claro. Después de las vacaciones no hay divorcio a la vista y he podido pasear por jardines de Piet Oudolf, Tom Stuart-Smith, Nigel Dunnett, y James Hitchmough. También podríamos decir que he olfateado un jardín de Dan Pearson. Diría que si hace un año hubiese hecho una lista de los cinco o diez jardines que más me gustaría visitar, muchos de estos jardines habrían estado en ella. Oudolf Field en Hauser & Wirth Somerset, Broughton Grange y Le Jardín Plume no me cabe la menor duda que habrían estado en semejante lista. Visitar los Merton Borders en el Botánico de Oxford ha sido una gozada porque se trata de una plantación que había salido al menos dos veces en este blog y además acababa de leerme el estupendo libro de James Hitchmoug, Sowing Beauty. Pettifers me lo habían recomendado varias veces y aparece en varios libros de recopilaciones de jardines ingleses. Y pocos jardines sigo tan de cerca como The Barbican en el centro de Londres gracias a las estupendas publicaciones que Nigel Dunnett hace periódicamente en facebook. En fin, que el viaje no ha tenido desperdicio y esperamos poder volver. Mis hijas creo que a alguna zona con menor densidad de jardines y a poder ser sin navegar el Cantábrico. Me gustaría escribir sobre todos los jardines visitados, pero no prometo nada, que después de este viaje y mis listas me conozco un poco mejor. Así que al menos les dejo con algunas fotos. En alguna se puede ver a un tipo con cara de alelado. Se incluyen dichas fotos como muestra del poder terapéutico de la jardinería. 

Jardín de Piet Oudolf en Hauser & Wirth, Somerset

Jardín de Piet Oudolf en Hauser & Wirth, Somerset

Prior Park, en Bath. Los ingleses del XVIII no tenían sentido de la medida

Broughton Grange, Oxfordshire

Broughton Grange, Oxfordshire

Broughton Grange, Oxfordshire

Pettifers, Oxfordshire

Pettifers, Oxfordshire

Pettifers, Oxfordshire

Detrás de esa valla se esconde The Old Rectory, de Dan Pearson, en Naunton

Merton Borders, Botánico de Oxford

Merton Borders, Botánico de Oxford

Merton Borders, Botánico de Oxford. Ni la lluvia apagaba el colorido de esas plantaciones

The Barbican, Londres

The Barbican, Londres

The Barbican, Londres

Potter Fields Park, Londres

Potter Fields Park, Londres

Potter Fields Park, Londres


Le Jardin Plume, Normandía

Le Jardin Plume, Normandía

Le Jardin Plume, Normandía


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